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YA NADIE PUEDE ENGAÑARSE Y CREER que Uribe está cañando y no buscará su reelección a toda costa.
Es evidente que apelará a todas sus estratagemas y que desplegará todos sus encantos para conseguirla. Y aun cuando creo en la integridad y profesionalismo de la Corte, ya un confidencial de este periódico dijo que, a raíz de un congreso de derecho constitucional en Cartagena, el Presidente habría invitado a comer a la Casa de Huéspedes Ilustres a todos los magistrados de la Corte Constitucional. Como diría un político conservador, ¡seguro abundarán en esa ocasión la langosta y otros manjares! Ojalá a los magistrados, los mariscos y la buena mesa no les despierten la fascinación que a mí me suscitan.
Entonces, como ya es un hecho que la aplanadora uribista seguirá operando, las demás fuerzas políticas contrarias a la reelección no tenemos más alternativa que unir voluntades para atajar la dictadura. Sí, todos los demócratas situados entre el centro y la izquierda, debemos marchar al unísono para promover la abstención en el referendo. Y si por desgracia éste llega a aprobarse, hay que consolidar un frente común, que apoye un programa y un candidato presidencial surgidos del consenso.
Y eso es justamente lo que proponen, cada uno desde su rincón ideológico, el Partido Liberal de César Gaviria, los tres tenores (Lucho Garzón, Antanas Mockus y Enrique Peñalosa) y el candidato del Polo, Gustavo Petro. Supongo que, una vez Uribe compita abiertamente por la Presidencia, con esa propuesta igualmente estarán de acuerdo el ex presidente Ernesto Samper y el ex alcalde Sergio Fajardo. El único que no lo estará será el sector del Polo encabezado por mi admirado y querido Carlos Gaviria, del cual también forma parte el Partido Comunista y el MOIR: ellos piensan que esa alianza debe darse solamente después de la primera vuelta. Y se equivocan: si Uribe es candidato y se enfrenta a fuerzas dispersas, probablemente no haya segunda vuelta y resulte elegido en la primera. Pero si se opone a una coalición sólida y coherente, unida en torno a un programa común y a su rechazo a la segunda reelección del Presidente, el resultado puede ser otro, a pesar de las dificultades.
Obviamente que para que esa alianza pueda triunfar, su programa debe ser tan amplio que con él estén de acuerdo el Partido Liberal, el centro, el centro izquierda, la izquierda democrática y hasta la izquierda radical. De lo contrario, la derrota sería segura, pues para ganar esa batalla, debemos darla todos.
Ese programa mínimo común sería algo así como el acuerdo de las distintas fuerzas políticas surgido de ese gran diálogo nacional que con tantas brillantez y clarividencia propuso el legendario fundador del M-19, Jaime Bateman, acuerdo que se realizó en la Asamblea Constituyente y originó la Constitución del 91 pero del cual, por desgracia, se excluyeron las Farc y el Eln.
Eso, justamente, es lo que propone Gustavo Petro. Y lo que estoy segura apoyan Antonio Navarro, el viejo M-19, la mayoría del antiguo Polo Democrático Independiente y prácticamente la totalidad de la izquierda democrática.
Por eso votaré por Petro en la consulta interna del Polo, el próximo 27 de septiembre. Porque creo que si toda la izquierda no participa de esa gran coalición, la batalla contra la dictadura estará perdida.
Sí, Petro tiene razón…