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Un pasito no más…

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PARA QUE EL PROCESO DE PAZ CONcluya, en el fondo, no falta sino una cosa fundamental: que los dirigentes de las Farc le pierdan el miedo a la justicia transicional o, incluso, a ir un tiempo a la cárcel o a algo que la reemplace, como sería, por ejemplo, según lo ha dado a entender el fiscal general, pagar penas alternativas en lugares donde realizaran trabajo social, o participaran en el desminado, o atendieran a las víctimas.

Fíjense, señores de las Farc, en que el asunto puede no ser tan terrible: si ustedes recordaran cómo Nelson Mandela, o Hugo Chávez, o Fidel Castro, o incluso los miembros del M-19 presos en La Picota a comienzos de los años 80, utilizaron la cárcel como catapulta política, y hasta llegaron a emplearla como oficina de atención al publico y a la prensa en el caso del M-19, a lo mejor verían que esa justicia transicional a la que tanto le temen, manejada con inteligencia, podría convertírseles en una ventaja.

Miren el caso del coronel Hugo Chávez: tras encabezar la rebelión militar del 4 de febrero de 1992, estuvo preso en la cárcel de Yare durante año y medio. Allí trabajó en la publicación “Como salir del laberinto”, en la que planteó soluciones a la crisis que golpeaba a las clases media y baja de Venezuela, y elaboró el Proyecto Simón Bolívar, que buscaba transformar radicalmente la realidad social y política del país. Chávez fue liberado por el presidente Rafael Caldera y, una vez Carlos Andrés Pérez fue suspendido de la Presidencia por el Congreso, acusado de haber cometido actos de corrupción, el coronel salió de la cárcel y fue recibido por el pueblo venezolano como héroe. Entonces fundó el Movimiento V República y tuvo la inteligencia para cautivar a las masas.

Y Fidel Castro, quien fue puesto prisionero porque el 26 de julio de 1953 asaltó a sangre y fuego el Cuartel Moncada; y fue llevado a juicio con 102 personas más y sentenciado a 15 años de cárcel, asumió su propia defensa como abogado; denunció en ella los crímenes que la dictadura había cometido contra sus compañeros; convirtió a los acusadores en acusados; habló de su programa de gobierno si hubiera triunfado en aquel intento de llegar al poder; hizo de su defensa un folleto del que logró distribuir cerca de diez mil ejemplares; y volvió una especie de Biblia de la revolución latinoamericana ese texto que concluyó con esa famosa frase suya: “condenadme, no importa, la historia me absolverá.”

Y el uruguayo Pepe Mujica y la brasileña Dilma Rousseff también pasaron de la cárcel a la Presidencia.

Y para Mandela, quien permaneció 27 años preso y, durante ese tiempo, logró que su reputación creciera hasta convertirse en el líder más importante de Suráfrica, la cárcel fue su universidad. “La celda”, dijo alguna vez, “es el lugar idóneo para conocerse a sí mismo(…) Yo era un joven agresivo y arrogante. Mis 27 años de cárcel me hicieron comprender lo importante que es la tolerancia. Que no hay tiempo para la amargura, sino para la acción”.

Por supuesto que el proceso de paz de Colombia es distinto y que la idea que tienen el fiscal y los negociadores del Gobierno no es que los líderes de las Farc pasen 27 años en la cárcel, como Mandela. Pero estos son ejemplos que ellos pueden tener en mente sobre cómo esos líderes a quienes tanto han admirado supieron convertir su derrota aparente –la cárcel– en una victoria.

¡A ver si así se atreven a dar ese pasito que nos falta para llegar a la paz!

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