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¡ESTÁ AUMENTANDO EL DOW! ¡NO, se está desplomando! ¡No, está aumentando! ¡No, se está…! No importa. Mientras que el maniacodepresivo mercado bursátil domina los titulares, la historia más importante es: las noticias nefastas sobre la economía real. Ahora está claro que el rescate bancario es sólo el comienzo: la economía no financiera también necesita ayuda con desesperación.
Y, para proporcionar esa ayuda, vamos a tener que hacer a un lado algunos prejuicios. Está de moda despotricar contra el gasto gubernamental y exigir responsabilidad fiscal. Sin embargo, en este momento el incremento en el gasto público es justo lo que recetó el doctor.
Antes de llegar a eso, hablemos de la situación económica. Las ventas al menudeo se lanzaron desde un risco, al igual que la producción industrial. Los datos sobre el desempleo están en niveles considerables de recesión y el índice de la actividad manufacturera cae a su ritmo más rápido en casi 20 años. Todos los signos señalan una crisis económica que será desagradable, brutal y prolongada.
¿Qué tan desagradable? El índice de desempleo ya está por encima del 6% (y mediciones más amplias del subempleo ya son de dos dígitos). Es prácticamente seguro que el índice de desempleo será de más de 7%, y es bastante posible que llegue a más de 8%, con lo que esta sería la peor recesión en un cuarto de siglo.
¿Y qué tan prolongada? Podría ser muy, muy prolongada.
Hay que recordar lo que sucedió en la última recesión, cuando explotó la burbuja tecnológica a finales de los noventa. Superficialmente, la respuesta política a ella parece una historia de éxito. Aun cuando había un temor generalizado de que Estados Unidos pudiera experimentar una “década perdida” al estilo japonés, eso no sucedió: la Reserva Federal pudo estructurar una recuperación de esa recesión reduciendo las tasas de interés.
No obstante, parecimos japoneses durante mucho tiempo: a la Reserva le costó trabajo coger impulso. A pesar de bajar las tasas de interés en repetidas ocasiones, el desempleo siguió aumentando; pasaron más de dos años para que empezara a mejorar el panorama del empleo. Y cuando por fin llegó una recuperación convincente, fue sólo porque Alan Greenspan se las arregló para reemplazar la burbuja tecnológica con la de vivienda.
Ahora le tocó el turno a la burbuja de la vivienda, desparramando sus restos por todo el panorama financiero. Aun si funcionan los esfuerzos en curso para rescatar al sistema bancario y descongelar los mercados crediticios —y, a pesar de que son los primeros días, los resultados han sido decepcionantes—, es difícil ver que pronto vuelva a la escena la vivienda. Y si hay otra burbuja esperando, no es evidente. Así es que a la Reserva le costará mucho más trabajo tomar impulso esta vez.
En otras palabras, no hay gran cosa que Ben Bernanke pueda hacer por la economía. Puede y debe bajar aún más las tasas, pero nadie espera que ello haga más que estimular un poco la economía.
Hay muchas cosas que el gobierno federal puede hacer por la economía. Puede proporcionar beneficios extendidos a los desempleados, que ayudarán tanto a que las familias hagan frente a la situación, como a poner dinero en manos de gente que lo gastaría. Puede brindar ayuda de emergencia a gobiernos estatales y locales para que no se vean obligados a reducir considerablemente el gasto, lo que degrada los servicios públicos y destruye empleos. Puede comprar hipotecas (pero no en su valor nominal, como propone McCain) y reestructurar los términos para ayudar a que las familias se queden en sus casas.
Y también es buen momento para comprometerse en algún gasto serio en infraestructura, que, de cualquier forma, el país necesita urgentemente. El argumento común en contra de la obra pública como estímulo económico es que se lleva demasiado tiempo: para cuando se logra reparar ese puente y modernizar esa línea ferroviaria, ya terminó la crisis y no se necesita el estímulo. Bien, ahora ese argumento no tiene fuerza, ya que las posibilidades de que esta crisis termine pronto son prácticamente nulas.
¿El próximo gobierno hará lo que se requiere? No si McCain consigue una victoria inesperada. Lo que necesitamos en este momento es más gasto gubernamental, pero, cuando a McCain le preguntaron en uno de los debates cómo resolvería la crisis, contestó: “Bueno, lo primero que tenemos que hacer es controlar el gasto”. Si Barack Obama se convierte en Presidente no tendrá la misma oposición refleja al gasto. Sin embargo, se enfrentará a un coro en Washington que le dirá que tiene que ser responsable, que son inaceptables los grandes déficit que tendrá el gobierno el año entrante si hace lo correcto. Debe hacer caso omiso de ese coro. Lo responsable, en este momento, es brindarle a la economía la ayuda que necesita. No es momento de preocuparse por el déficit.
* Premio Nobel de Economía 2008.