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SE CONFIRMAN HECHOS QUE PROvocan desmoralización e incertidumbre en la ciudadanía.
El Alemán (Semana, 10/5/09) denuncia que un ex subdirector del DAS fue instructor en las escuelas paramilitares de formación y lo tacha de “gran terrorista” porque había que combatir comunistas, “sin importar dónde se encontraran”. A su vez, el fiscal Iguarán acusa al ex director del DAS, Noguera, como coautor de homicidio agravado, confirmando lo que ya hace casi cuatro años había denunciado el ex jefe de informática García. Cuatro respetables ciudadanos habrían sido asesinados con el concurso de la cabeza de la agencia de seguridad: Alfredo Correa de Andreis, profesor universitario, Fernando Pisciotti, ex representante a la Cámara, Adam Pacheco, líder sindical y Zully Codina Pérez, periodista.
La Fiscalía se pronunciará esta semana en materia de las llamadas “chuzadas” y seguimientos a magistrados, políticos de oposición, periodistas e incluso altos personajes del Gobierno Nacional.
Es obligatorio hacer algunas reflexiones acerca del inmenso peligro que para los colombianos puede tener el criminal manejo de la informática.
El volumen de información que las personas, empresas y organizaciones intercambian entre sí ha aumentado de forma exponencial gracias a la revolución digital, incluida la información privada de las personas.
Gracias a la tecnología, las personas intercambian más información porque lo hacen con mayor frecuencia, y en formatos y con herramientas diversas. Información sobre el amor, los gustos y disgustos, las preferencias políticas, los negocios, circulan por la red en forma de bytes, a partir de todo tipo de aparatos electrónicos, redes y programas informáticos. Todo ello puede ser visto por terceros sin que se note.
La vieja chuzada ilegal del teléfono tradicional, tecnológicamente del siglo XIX, propia de las dictaduras, se complementa hoy con nuevas formas de delito, más peligrosas por su “sutileza”, dada la facilidad de pasar desapercibida la intromisión, y más potentes por la naturaleza digital de la información.
Para las nuevas formas de intromisión bastan el software, el entrenamiento y el equipo adecuados.
Piratas informáticos, hackers, intrusos malintencionados, virus, caballos de troya, códigos vandálicos, son términos que se utilizan hoy para designar actores y medios que pueden alterar la confidencialidad de la información, su disponibilidad y su integridad.
La “ciber-criminalidad” suele venir de iniciativas particulares. No del Estado, una de cuyas razones es la protección de sus asociados.
Los resultados de las elecciones de 2002 en algunos departamentos de la Costa fueron, según García, manipulados con programas informáticos.
Páginas web de personas y organizaciones consideradas sospechosas, de la política y el periodismo, han sido manipuladas y bloqueadas ocasionalmente, y sus correos electrónicos invadidos.
Cualquier solución a la crisis ética en el DAS tiene que pasar por la conformación de un fuerte control social que garantice la no intromisión en la información de la vida privada de la ciudadanía, amén de castigo ejemplar para quienes ayudaron a asesinar.