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Competencias siglo XXI y crisis

Rafael Orduz
24 de agosto de 2015 – 10:28 p. m.

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LAS DISCUSIONES DE GRAN CALADO se generan en Colombia por la vía de la coyuntura.

Por la caída del peso frente al dólar, de los precios del petróleo y otros commodities, mayoritarios en la canasta de exportaciones, se habla, de nuevo, de la necesidad de reindustrialización, del fortalecimiento del aparato productivo interno. Con el dólar por las nubes, en teoría la oportunidad para exportar, no es mucho lo que hay que vender afuera. Qué dolor.

Hace años que hay, al respecto, diagnósticos y recetas. Siete productos, encabezados por petróleo y carbón, han representado cerca del 80 % del valor de las exportaciones de bienes por años. En contraste, productos que contienen alta tecnología han ocupado, máximo, 2.2 % del valor total. Hoy, con el dólar por las nubes, descubrimos que el agua moja, que Colombia tiene poco que exportar.

La nostalgia de algunos y el guión trasnochado de otros los lleva a planteamientos del tenor siguiente: el aparato productivo se desmanteló por la apertura y por la firma de los TLC. Aunque el tema es complejo, hay un fatal hilo compartido, por vía de omisión, entre ejecutores de política, felices con el modelo hasta hace poco boyante en apariencia, y sus críticos: poca atención al contexto de la economía del conocimiento en el que se fundamenta la creación de riqueza en la actualidad.

Un tema obvio: ¿Cómo se educan niños y jóvenes en Colombia a partir de las exigencias del siglo XXI para ser buenos ciudadanos, respetuosos, creativos y efectivos? Qué le puede ofrecer Colombia al mundo en el 2030 depende, en buena medida, de cómo se responda a esta pregunta.

Uno de los temas obligados se refiere a las competencias que los jóvenes del siglo XXI deben desarrollar. Aunque definirlas no es fácil (envuelven actitudes, conocimientos, destrezas), hay acuerdo en que las competencias del siglo XXI se enmarcan en los ámbitos siguientes (OCDE, BID):

En primer lugar, el de la gestión de información, disponible en volumenes apabullantes gracias a la revolución informática. Los jóvenes no deben sólo manejar las tecnologías digitales; la clasificación, interpretación y desarrollo de ideas propias en cualquier campo disciplinario, en contextos cambiantes y de altas tasas de innovación, son requisito.

Segundo, el terreno de la comunicación. El trabajo colaborativo y la interacción son dimensiones clave en múltiples procesos, incluyendo aprendizaje, investigación, solución de problemas. Los modelos jerarquizados, de altos niveles de intermediación, son sustituidos por esquemas de colaboración de alto impacto.

Finalmente, la concepción de ciudadanía, tanto en las problemáticas locales como globales. Responsabilidad social, conciencia ambiental, respeto por la diversidad, son algunas de las condiciones de economía del conocimiento.

Jóvenes con pensamiento crítico, creativos, capaces de auto-aprender y socialmente responsables se apoximarán al mundo de manera diferente. Dime cómo educas y te diré qué exportas.

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