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Corea: Sociedad del Conocimiento (II)

Rafael Orduz
26 de noviembre de 2008 – 09:15 p. m.

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DOS PALABRAS CLAVE EN LA COREA de hoy son “convergencia” y “ubicuidad”. Tienen que ver con las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC).

Comunicarse donde, cuando y como se quiera es una realidad en un país que hace 40 años era pobre y que hoy exporta bienes y servicios por valor equivalente al doble del PIB colombiano. ¿Quién no conoce Samsung, LG, Kia o Hyundai?

Dentro de una compleja historia política de dictadura y vida democrática, hay hilos conductores envidiables: políticas de largo plazo, fuerte inversión en investigación y desarrollo, capacidad de adaptación a las nuevas realidades del mundo global, articulación de los actores públicos y privados.

Se logró el consenso entre los actores en torno a la visión de Corea como sociedad del conocimiento, es decir, una en la que la riqueza se base en la aplicación de recursos humanos de alta calificación en la producción de bienes y servicios de alta tecnología, y en la que sus habitantes tengan acceso universal a los servicios de salud y educación, y puedan ejercer a cabalidad sus deberes y derechos ciudadanos.

Las TIC, que incluyen las comunicaciones (internet y telefonía móvil a la cabeza), los computadores, el software, la electrónica de consumo y la TV , van de la mano con las sociedades del conocimiento. Son los motores contemporáneos de la competitividad y la calidad de vida. Corea es una prueba.

Las empresas, incluidas las pequeñas, son más competitivas. Exportan más y administran mejor sus operaciones con las TIC.

La justicia se ha descongestionado gracias a la posibilidad de resolver líos, como las estafas, en línea, y a través del celular.

Las compras públicas se realizan a través de una sola entidad que, por internet, administra el registro único de proveedores y los procesos licitatorios.

Los estudiantes de cualquier nivel pueden acceder, en los planteles o en sus casas, a módulos de estudio en todos los ámbitos académicos y a las mejores bases de datos del mundo. Discapacidades como la ceguera, la sordera o la parálisis pueden ser contrarrestadas con ayuda de las TIC.

La salud se beneficia por la rapidez con que la “informatización” permite la atención y el diagnóstico, el manejo de las historias clínicas, y los trámites de citas y recetas.

La participación en política se transformó por la alianza entre la generación de internet y la de los nacidos en los 60 (llamada la “generación 368” por haber nacido en los 60, ido a la universidad en los 80 y estado en sus treinta en los 90).

Colombia carece de la dosis histórica de confucianismo que, quizás, ayuda a explicar el respeto por la educación y la cosa pública en Corea. No obstante, nuestro país ha emprendido esfuerzos privados y públicos que han disparado la movilidad y mejorado el acceso a internet. También se ha avanzado en el uso de contenidos educativos en la formación básica y técnica, y en programas de gobierno en línea. Existe una industria incipiente de software. Pero no es suficiente.

Si se le quiere apostar a las TIC en Colombia, la agenda ya existe desde mayo pasado: es el Plan Nacional TIC (www.colombiaplantic.org). Para que no se quede en el papel se requiere, como en Corea, perseverancia, articulación pública y privada, billete para investigación y desarrollo, e inversión nacional y extranjera, entre otros ingredientes.

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