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Los últimos desarrollos de la política en Estados Unidos, el triunfo antier del Sí en Turquía, el del brexit, las elecciones próximas en Francia, las que ya pasaron en Holanda y Austria, los éxitos de Putin en Crimea, los gobiernos actuales de Polonia y Hungría, los jóvenes líderes de la extrema derecha alemana, sólo para citar algunos, parecen asociados a un rasgo común: la pretensión de reescribir la historia. Erdogan se ve a sí mismo como el nuevo Atatürk, Putin como el nuevo zar y la derecha francesa, nada que ver con la persecición a los judíos.
Aunque hay notables diferencias entre las plataformas políticas de los distintos movimientos, hay también un empuje compartido: sus líderes han perdido el temor a decir lo que antes causaría vergüenza. Frauke Petry, líder de Alternativa para Alemania (AfD), dice interpretar a millones de compatriotas suyos: no mezquitas, no inmigrantes en Alemania, exaltación de los valores alemanes genuinos. Frente a ataques de supremacistas blancos a manifestantes afro, Trump, de candidato, decía que había que dejar de ser políticamente correctos, dando espacio a las agresiones, a la vez que promovía el lema de mandar a la guandoca a su adversaria.
La cumbre de los “ajustes” a la historia, en el espacio de unos pocos días, corrió a cargo del señor Spicer, portavoz de la Casa Blanca, y la señora Marine Le Pen, la candidata que, con alta probabilidad, pasará a segunda vuelta en las elecciones francesas.
El antisemitismo francés es de vieja data. Aunque hubo resistencia heroica, una parte significativa del pueblo francés apoyó la república de Vichy, colaboradora del regimen de Hitler, con sus autoridades prestas a la persecución de la población judía. En ese contexto, en julio del 42 fueron detenidos por la policía francesa alrededor de 13.000 judíos, la mayoría de los cuales fueron enviados a campos de concentración y posteriormente asesinados. La señora Le Pen, sin rubor, dijo que Francia no tenía ninguna responsabilidad en los hechos que, entre otras, obligaron, mucho después, a varios presidentes franceses a disculparse (Sarkozy, Hollande). Mensaje que debe saber a miel a su padre Jean-Marie Le Pen y sus seguidores.
El caso de Spicer es más chabacano. Para encumbrar la maldad del perverso líder al-Ásad y el bombardeo a una base militar siria, dijo que ni siquiera Hitler se había rebajado tanto como para usar armas químicas. Zyklon B, monóxido de carbono: ¿cabrán en la definición?
Hay que recordar que parte de la justificación de Trump para el bombardeo sorpresa fue la de la compasión por los bebés sirios asesinados, pese a que Siria está dentro de los países a cuyos nacionales a quienes el nuevo gobierno de los EE. UU. quiere impedir el ingreso.
El Holocausto, seis millones de judíos asesinados en pocos años, además de gitanos, opositores políticos, homosexuales, no tiene paralelo en la historia de la humanidad. Hay que rechazar la complacencia hacia los que lo niegan.