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Ejemplos de calidad educativa

Rafael Orduz
26 de agosto de 2013 – 05:38 p. m.

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Ya es lugar común hablar de calidad de la educación durante las campañas electorales, ya que contribuye a sofisticar los discursos de candidatos.

Sin embargo, contadas excepciones (Sergio Fajardo), la calidad en la educación de los niños y jóvenes colombianos no es tema crucial.

El círculo vicioso es conocido: niños y niñas de familias de bajos ingresos acceden a instituciones de baja calidad y obtienen bajos puntajes en pruebas como las Saber. Los que consiguen llegar a las puertas de la educación superior lo harán en aquellas de baja calidad y, finalmente, las oportunidades laborales serán reducidas. A su vez, la mayor parte de las casi 300 entidades de educación superior deben lidiar con primíparos de débil formación, altas tasas de deserción entre el primero y el segundo semestre y acomodarse a la cadena de la mala calidad educativa, graduando profesionales con baja capacidad para resolver problemas y pensar críticamente.

Aunque hay que reconocer que participar en pruebas internacionales ha sido un gran paso (Timss, PISA, Serce), los jóvenes colombianos salen mal librados y no ha ocurrido nada especial para que la situación cambie.

Con modelos diferentes, estudiantes de educación media de Finlandia, Corea del Sur y Polonia, cuyos resultados en las pruebas PISA superan ampliamente los correspondientes a estudiantes de los Estados Unidos, son ejemplo de alta calidad*.

Aunque ya es conocido que el sistema coreano genera un implacable estrés a los alumnos en busca de los resultados del ranquin, todos los actores están alineados tras la calidad, incluyendo los padres de familia, que son tutores de sus hijos. El sistema lo completa una compleja red de instituciones de apoyo, los “hagwons”, que les refuerzan para los exámenes de clasificación.

También es claro que en Finlandia los maestros de colegio han sido los mejores estudiantes en el colegio y la universidad, que requieren de magister y que hacen parte de una profesión de inmenso respeto social.

Lo que llama la atención es el caso polaco, sin los antecedentes de décadas de política de coreanos y finlandeses. En pocos años, a cargo de un ministro que había estudiado química y cuya producción intelectual se circunscribía a las propiedades de algunos minerales, Miroslaw Handke, se dio un vuelco a la calidad de la educación secundaria.

El repertorio de la reforma está contenido en el “Libro naranja” y consta de cuatro bases: 1) Rigor, por la vía de un plan curricular global, no detallado; 2) Rendición de cuentas de los estudiantes a través de pruebas estandarizadas a intervalos fijos; 3) Todos en la cama: los alumnos deben cumplir con un año adicional, a los 16 años, antes de irse a la formación académica o vocacional; 4) Autonomía para colegios y profesores en el diseño de los currículos, dado el marco global curricular.

En pocos años, Polonia dio un vuelco a la calidad de la educación.

* Ripley A., The smartest kids in the world, 2013

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