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Señor contribuyente de los Estados Unidos:
Hace algo más de 15 años su Gobierno y el mío iniciaron el Plan Colombia. Fue financiado con impuestos pagados por usted y por los de los colombianos. Sin embargo, el precio que ha pagado Colombia no se puede expresar en dinero.
Aquellos que en Washington lo diseñaron, no esperaban que el Plan tomara más de un quinquenio. Se trataba de un hito determinante en la guerra contra las drogas. Un ministro, acá, dijo, en 2003, que el narcotráfico se acabaría en el 2004.
El Plan Colombia se concibió como un nuevo eslabón, “remasterizado”, de la guerra contra las drogas, término acuñado desde la era Nixon, en el contexto de la iniciativa andina contra las drogas. (Otros aspectos del plan, como el mejoramiento de la seguridad, la promoción de la justicia social y económica y la consolidación del imperio de la ley, eran secundarios en Washington, aunque en estas latitudes se convirtieron en prioritarios; los equipos militares fueron pieza clave en la lucha contra la guerrilla).
En términos del Plan, se trataba de acabar con la producción, la distribución y el consumo de drogas mediante las fumigaciones, interdicción, cárcel a consumidores y distribuidores.
Sin duda, el problema en los Estados Unidos era, es, grave. En el caso de la cocaína, al iniciarse el Plan Colombia, representando su país el 5 % de la población mundial, consumía el 50 % del estupefaciente. Y, bueno, Colombia era (qué vergüenza, sigue siendo) el primer productor mundial de cocaína (a veces Perú nos disputa el liderazgo).
Desde el punto de vista del propósito principal, la erradicación del narcotráfico, su platica se perdió, señor contribuyente. Dos datos:
En 2009, la GAO (oficina de rendición de cuentas del Gobierno de los EE. UU.), en documento dirigido al senador Biden (entonces presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, hoy vicepresidente), decía: “El objetivo del Plan Colombia de reducir el cultivo, procesamiento y distribución de narcóticos ilegales no se cumplió…”.
Los datos más recientes, incluyendo el informe de la Casa Blanca sobre control de drogas, indican que en 2014 hubo en Colombia 112.000 hectáreas de cultivos de coca, superficie mayor que al inicio del Plan Colombia que usted financió con sus impuestos y los colombianos, al cabo de cuatro décadas de narcotráfico, con altas cuotas de dolor.
Me abstengo de mencionar algunas rencillas entre los tres presidentes colombianos desde el 98. Baste decir que, por fin, se ha iniciado un proceso que parece conducir a la paz con el grupo armado más antiguo del planeta, que también hizo uso de dineros del narcotráfico para financiarse.
Con certeza, el uso de los equipos destinados al Plan en busca de seguridad fue positivo. Sin embargo, es difícil hacer un balance en términos de los costos en vidas y valores asociados a la inoperante y costosa política antidrogas que su país ha impulsado durante décadas.