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El talento de niños y jóvenes colombianos abunda. Sin embargo, la escasez de acciones que articulen esfuerzos de familias, colegios y universidades no ayuda a desarrollarlo.
Resultados recientes como los de las pruebas Pisa (peores que los penúltimos), lamentados un rato y sin enmienda, hacen contrapunto a una sociedad cuyos líderes no suelen valorar el conocimiento como fuente principal de creación de riqueza. En Finlandia hubo intensa crítica por haber clasificado en el puesto 12 en matemáticas en el mundo.
Por fortuna, hay algunos esfuerzos de visionarios que promueven los talentos con éxito.
Uno de tales proyectos ha sido gestionado por Reinaldo Núñez, Jesús Hernando Pérez (extraordinario profesor, fallecido en enero de este año) y otros quijotes desde 2002. La idea es sencilla: convocar jóvenes talentos de cualquier condición social y económica a que se vinculen a la universidad dedicando esfuerzo adicional (sábados, alguna tarde entre semana) a las matemáticas. Comparten con pares, participan en proyectos de investigación, seminarios nacionales e internacionales y, en numerosos casos, toman clases con los estudiantes de pregrado que, fácilmente, pueden llevarles cinco años de edad.
Como en el caso de las “liebres” en el atletismo, el impacto es doble: los niños y adolescentes aprenden y despliegan su talento matemático y los estudiantes en edades de universidad se ven confrontados… Más de 1.000 jóvenes han participado en los programas de Núñez.
¿Qué hilos conductores hay en las historias de éxito? Definitivamente, converge el interés de la familia con el de algún buen profesor del colegio y con proyectos como el de Núñez y sus colegas. Un ejemplo, entre muchos, es el de Iván Felipe Rodríguez, cuya madre ha sido cabeza de hogar y cuyo abuelo promovió en él la curiosidad y la disciplina desde muy pequeño, alrededor de faenas tan simples como el aprendizaje de las tablas. A pesar de haber suspendido su carrera durante dos años, se gradúa a los 21 y emprenderá su doctorado en computación cuántica.
O el de Jonathan Steven Prieto, hijo de dos profesionales de la U. Distrital, que ingresó con 14 años al programa. Graduado en matemáticas a los 20 años, aficionado al dibujo y la música, iniciará doctorado en ciencias de la computación… O Stephany Moreno, hoy de 21, bióloga de los Andes que terminó su maestría (suma cum laude) en Holanda en biología evolutiva, ganadora del premio Unilever de investigación y que seguirá su doctorado en la U. de Groninga. Así muchos otros.
Núñez, criado por su mamá en Barranca, bachiller del Diego Hernández de Gallegos, colegio público de intenso debate político, matemático de la Nacional, vallenatólogo, actual director de la Escuela de Matemáticas de la U. Sergio Arboleda, ve las matemáticas en dos planos: arte, rigor y belleza, por un lado; herramienta para la vida, por otro. No pretende localizar genios. Los talentos, dice, se despliegan con las oportunidades.