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Esperanza de juego limpio

Rafael Orduz
24 de mayo de 2010 – 11:59 p. m.

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POCOS AÑOS ANTES DEL ASCENSO de Nelson Mandela y su partido, el ANC, al poder, la experimentada señora Thatcher consideraba delirante la posibilidad de que el ANC gobernara.

También es conocida la afirmación del periodista británico Christopher Hitchens, en 2007: “…el senador Obama no estará creyendo en serio que puede ser elegido presidente de los EE.UU.”.

En Colombia era imposible prever, hace dos meses, algo parecido a la marea verde. Las predicciones de los más calificados analistas indicaban, razonablemente, el triunfo en primera vuelta de Santos y Noemí, y el éxito, en segunda, de quien lograra atraer mayor volumen de votantes de todas las vertientes. De ahí la fiereza de la disputa por la candidatura del Partido Conservador y los coqueteos para la segunda vuelta. Hubo, también, quienes aseguraron el triunfo del candidato de la U. en primera.

Lo de la marea en Facebook y otras redes sociales no tiene antecedentes. La cuenta de Antanas, con cerca de 700 mil fans es, entre las de los políticos de todo el mundo, la sexta en número de seguidores. Le anteceden Obama, la señora Palin, dos políticos filipinos y Michelle Obama. Supera, de lejos las cuentas de McCain, Sarkozy, Berlusconi, Biden y Schwarzenegger.

Las primeras reacciones, cuando la ola comenzó a crecer, apuntaron a que se trataba de un fenómeno de grandes centros urbanos. Luego se entendió que internet acaba con las distancias y que los mensajes se compartían entre personas, especialmente jóvenes, de Túquerres, Yopal, Campoalegre, Tuluá, Madrid y cualquier lugar con acceso a la red.

Como vivimos en el país de los doce mandamientos (“no dar papaya”, “no desaprovechar papaya”), en el que en la política prima la cultura del atajo, algunos protagonistas pretendieron introducir en la campaña algunas “picardías” y cáscaras resbalosas, como la de la religiosidad o la de la fecha de entrada al país de los padres de Mockus. Lo curioso ha sido que los simpatizantes en la red no las han pisado; ha sido el candidato quien, de manera ingenua, ha caído en algunas. ¿Qué importa si va o no a misa y si fue o no acólito? Es en la red en donde se han desenmascarado y difundido, con mayor cobertura y velocidad que en los medios de mayor tiraje, las tretas.

Es la red la que también reacciona. Los temas del salario de los médicos, del Sena y del ICBF, o la alusión a Petro, ya aclarados, recibieron rechazo inmediato en su momento. El cuento de “argumento va, argumento viene” funciona.

La red refleja una construcción que ya es y será ineludible fuente de veeduría ciudadana con altas exigencias en la rendición de cuentas y activa participación en el debate público.

Algunos reducen las razones de la marea verde al ámbito emocional, subestimando que ella manifiesta el rechazo, oculto en varias generaciones de jóvenes apolíticos, a la creciente sensación de no futuro, a las chuzadas, los falsos positivos, la yidispolítica.

La legalidad democrática no da espera.

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