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Exterminio de la diversidad

Rafael Orduz
18 de febrero de 2009 – 10:42 p. m.

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UNOS BÁRBAROS HAN ASESINADO indígenas awás en Nariño. Se creen con el derecho de acabar con la vida de compatriotas y, de paso, suprimir la diversidad en un país urgido de respeto por la diferencia. Con sus pares paramilitares, las Farc compiten por el macabro liderazgo en matanzas de indígenas en los últimos diez años.

Además, siembran minas antipersonales. En un mundo que brega por destruir los millones de minas sembradas en conflictos pasados, nos otorgan a los colombianos el ignominioso récord mundial del mayor número de víctimas civiles, muertos o heridos, por las minas. La masacre de los awás y la siembra de minas son crímenes de lesa humanidad.

Costó mucho trabajo que Colombia llegara, al menos en los folios constitucionales, a reconocer y proteger la diversidad étnica y cultural. Construcción de la unidad a partir de la diversidad es una de las claves del 91, sueño aún no realizado.

Colombia tiene todavía la suerte de contar con 87 pueblos indígenas que, en suma, hablan 64 lenguas y numerosos dialectos, según el Censo de 2005. Enormes acervos de riqueza cultural, conocimiento tradicional, medicina, preservación de la naturaleza, de los que podríamos aprender.

Sin embargo, de los arhuacos, koguis, wiwas, yukos, kankuamos, en el Cesar; baries y u’was en Norte de Santander;  amorúas, kuibas, masiguares, sálibas, sikuanis, tsiripus, yaruros en Casanare; coyaimas, dujos, nasas, yanaconas en el Huila, hasta awás, embera, eperaras,  siapidaras, ingas, kofanes, pastos, en Nariño, para citar sólo unos de ellos, quedan no más de un millón 400 mil.

Despreciados, asesinados, despojados de sus tierras, ahuyentados a las grandes ciudades, carecen de la mínima solidaridad de parte de ese 85% de colombianos que no son afrocolombianos, ni indígenas ni población Rom. La gran pérdida no es, sin embargo, sólo para las minorías étnicas.

Son la diversidad étnica, regional, de pensamiento y opiniones, política, el respeto al credo religioso, las llaves para la generación de riqueza para el país en su conjunto. Lo diverso no es un problema, sino fuente de oportunidades. Abre el rico abanico de las alternativas, que sólo son posible a partir de lo complejo. Las opciones al futuro son escasas cuando el mundo se ve en sólo blanco y negro.

En el mundo del blanco y negro que es Colombia, hay  unos  muertos más “aceptables” que otros y dolores más meritorios que otros. La vida es sagrada y la sociedad debe mostrar cero tolerancia frente a quienes se abrogan el derecho de suprimirla, sean los señores de la Farc, los herederos de los paramilitares o quienes han fabricado los letales falsos positivos.

Bastó la muerte de un estudiante hace dos meses en Grecia para que la sociedad civil se lanzara indignada a las calles, de manera masiva y durante dos semanas, con repercusiones en toda Europa.

El deseo del exterminio del otro se extiende a los ámbitos de opinión. La rotulación de la opinión diferente, el uso del lenguaje polarizante, la ausencia de respeto por la diferencia, están a la orden del día.  Colombia tiene que bajarse del tren de la intolerancia.

Un paso puede ser el de hacer conciencia del valor que para el país tiene la vida de los indígenas colombianos,  y de la necesidad de proteger la diversidad étnica y cultural.

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