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Los jóvenes son los más afectados por el desempleo y otras ingratitudes del mercado laboral, como las de trabajar sólo algunas horas en la semana o la de estar sobre calificados. Trabajos inestables, contratos intermitentes, afectan a millones. Más del 22% de las mujeres colombianas entre 14 y 28 años están desempleadas.
Aunque el problema dista de ser exclusivo de Colombia, la situación es alarmante dado que la economía colombiana creció, en promedio de los últimos 12 años, por encima del 4%. El ingreso per cápita ha aumentado desde el 2003 a tasas que serían la envidia de griegos y españoles, los campeones mundiales del desempleo juvenil. Parafraseando a un líder gremial de los 80, “… a la economía le va bien, a los jóvenes les va mal”. Sin embargo, por las correcciones oficiales que se han hecho en los últimos días al crecimiento económico esperado, el prospecto no es bueno. No hay fórmulas mágicas para la generación de empleo juvenil. Uno de los grandes temas que hay que resolver es el de cómo conectar el talento con las oportunidades. Empleadores se aferran a perfiles rígidos asociados a títulos de educación superior. Caso típico: “Empresa requiere personal con experiencia mínima de 2 años en el área administrativa. Cobro de cartera, manejo de licitaciones y demás funciones asignadas por el jefe inmediato. Educación mínima: grado universitario. Salario neto: $ 770.000.” El saldo: mensajeros con grados de técnicos o tecnólogos, secretarias contadoras o administradoras con especializaciones, taxistas con grado universitario, profesionales desempleados. Desperdicio social y económico representado en personas que han dedicado años a calificarse. El complemento: instituciones de educación superior de baja calidad (y muy rentables), con arcas alimentadas por el ansia del progreso de familias que creen que la acumulación de cartones les garantiza trabajo digno a sus hijos. Por otra parte, la rigidez tiene su espejo en empresas que tienen dificultades en encontrar las personas que necesitan. Un ejemplo son aquellos tipos de empleos que la economía digital obliga, en todos los sectores, a demandar hoy: gestores de redes sociales, administradores de contenido digital, editores de contenidos gráficos, entre otros, sin excluir ocupaciones de corte tradicional. Para ilustrar este tipo de disfunción laboral, se podría caer en el error de solicitar, para tales cargos, el grado de ingeniero de sistemas cuando, en realidad, se podrían localizar personas de talento, con las destrezas requeridas, en forma rápida. La superación de rigideces como la mencionada se puede dar a través de las llamadas plataformas de talento en línea, que no son las agencias tradicionales de empleo (así tengan sitios web). Son transparentes en la claridad de las destrezas que los empleadores requieren. Orientan a los jóvenes a prepararse y aprender en forma permanente. El tema está en debate en el mundo. Colombia requiere de una política de empleo para los jóvenes.