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Si la mayoría de los votantes escoceses fueran jóvenes, Escocia sería independiente.
La pregunta consiste en si se trata de nacionalismo o de si los jóvenes no le están parando bolas a la intermediación de los mayores, sus miedos y odios ancestrales, sus preferencias.
Después de la caída del muro de Berlín, el número de países del planeta ha aumentado. Por una parte, la caída de la Unión Soviética aportó un buen puñado. Por otra, conflictos sangrientos como el generado por serbios nacionalistas culminaron en una antigua Yugoslavia fraccionada en nuevas naciones, amén del reguero de asesinatos en las barbas de países europeos occidentales. Odios de los mayores encendieron la guerra.
La semana pasada tuvo en vilo a los defensores de la unidad del Reino Unido. Aunque las encuestas daban una ligera ventaja (no más del 2%) al no a la pregunta del referendo (¿Debe ser Escocia un país independiente?) había, en realidad, empate técnico. La revista The Economist se dedicó a advertir acerca de los riesgos, tanto para Escocia como para el resto, que tendría la separación de Escocia, y Cameron le dedicó su energía de última hora a la unión.
El gran susto de muchos, particularmente ingleses, quedó superado con los resultados del referendo del pasado jueves en Escocia. Aunque el triunfo del no fue holgado, los más jóvenes votaron la independencia.
Con bajísima abstención, 3,6 millones de escoceses participaron en el referendo, incluyendo jóvenes de 16 y 17 años. Pese a la diferencia de 10 puntos a favor del no, hay un hecho que parece sorprendente: a menor edad del votante, mayor afinidad a la idea de Escocia independiente. Votaron más o menos 100.000 jóvenes de 16 y 17; de ellos, el 79% votó a favor del sí. A cambio, los mayores de 65 (que allá son más) votaron exactamente al contrario: sólo 27% por la independencia.
En las redes sociales, en las que los mayores participan poco, el sí predominó. Andy Murray, el campeón de Wimbledon de 2013, y muchos jóvenes líderes escoceses invitaron a la independencia por Twitter. Antes de culminar las votaciones, Time hizo una encuesta virtual y el sí ganaba.
¿Nacionalismo, apego a las tradiciones, al “alma nacional”, a las broncas de los mayores? O, al contrario, ¿convicción de parte de la verdadera generación digital de que el mundo está al alcance de la mano sin necesidad de intermediación gran británica y de los argumentos de los mayores?
A diferencia de los más viejos, resistentes al cambio, pendientes de la seguridad y la estabilidad (pensión, p. ej.), los más jóvenes de todo el mundo sufren tasas de desempleo que duplican las tasas promedio. Carecen de estabilidad, son flexibles, colaborativos y participativos. Su dominio de las tecnologías digitales les da acceso al mundo, sin intermediación.
Votaron por la independencia en Escocia y lo harían en Cataluña, no por nacionalismo sino, paradójicamente, porque son más libres que sus padres y abuelos.