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NADA MÁS ABURRIDO EN COLOMBIA, especialmente en política, que temas relacionados con la economía del conocimiento, investigación y desarrollo (I+D) y ciencia y tecnología (C+T).
No se les nombra porque se ignora su impacto sobre la calidad de vida, o porque no dan votos.
En ningún debate cupieron. Además de las usuales preguntas, algunos periodistas prefirieron, en ocasiones, indagar acerca de la cantidad de pares de zapatos o la ausencia de simpatía de algún candidato.
Ocurre, pese al desinterés criollo, que la fuente básica de prosperidad en el mundo actual es el conocimiento. Competir con éxito en el mundo global es cuestión de aplicar el conocimiento a innovaciones y nuevas fuentes de empleo. Por supuesto, ello depende de mejorar la calidad de la educación, de invertir en I+D, y de pactos efectivos entre empresas, academia y gobierno que cambien la estructura actual de exportaciones colombiana, propia del subdesarrollo, rica en altos índices de desempleo (54% del valor de los bienes exportados vienen de petróleo, café, níquel y carbón).
Colombia, con 44 millones de habitantes, tiene 5.600 personas dedicadas a I+D. Corea (Sur), con 48 millones de habitantes, 200.000. España, con una población similar a la colombiana, 116.000. La participación de I+D en al PIB es de 0,17%, 3,23% y 1,2%, respectivamente (Banco Mundial, base KAM). Estamos rajados.
La capacidad de innovar se convierte en nuevos productos que se disputan los mercados y se refleja en la concesión de patentes. Entre 2003 y 2007, la oficina de patentes de los Estados Unidos (USPTO) concedió, en promedio anual, 5.433 patentes a Corea, 346 a España y, no es chiste, nueve a Colombia.
Estos temas son de primera línea en cualquier campaña y en cualquier plataforma política en países avanzados y en aquellos que aspiran a serlo.
El triunfo de Juan Manuel Santos ha sido contundente. Tendrá, en principio, espacio para cumplir lo prometido. En materia de C+T, su compromiso es pasar del 0,3% del PIB en la actualidad al 0,5% en el 2014 (véase http://www.santospresidente.com/pdf/educacion.pdf).
Si el presidente electo cumple su promesa, habrá llevado a Colombia al nivel de Corea a comienzos de los años sesenta del siglo pasado en materia de C+T, cuando hoy las economías competitivas invierten, en promedio, 2% del PIB en C+T.
La pobre alusión del partido ganador al tema de C+T contrasta con el planteamiento profundo del Partido Verde sobre el tema, aportado por Fajardo (véase http://www.partidoverde.org.co/PropuestadeGobierno.aspx).
Con tan poca ambición en materia de inversión en conocimiento, ¿en qué se basará la “prosperidad democrática”?
De aquí al 7 de agosto el equipo del presidente electo debería adoptar una plataforma de país moderno en materia de C+T. Como alguien dijo hace dos meses, sólo los imbéciles no cambian de opinión…
El Partido Verde debería ejercer el control político, desde ya, sobre la seriedad del nuevo gobierno en crear prosperidad a partir del conocimiento.