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Mentiras no piadosas en las redes

Rafael Orduz
10 de agosto de 2015 – 11:13 p. m.

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Internet sirve para decir la verdad y también para mentir y manipular.

La revolución digital emancipa a muchos. El que quiera puede opinar y escribir sobre lo que le dé la gana. Y de paso, enfrentar poderes. Casos hay como el de aquel sujeto que compró un computador con problemas y a punta de blog, quejándose, bajó la acción de Dell. O de los organizadores de las marchas en El Cairo, cuando hubo la ilusión de la primavera árabe, evitando la policía y sus gases lacrimógenos por medio de mensajes de Twitter.

Ni hablar de la potencia del uso de las tecnologías digitales en educación, salud, gestión empresarial, justicia, para sólo citar algunos campos.

A un nivel más personal y prosaico, internet y las redes ofrecen la posibilidad de que nuestros amigos enFacebook oTwitter, sin medir el grado de interés que puedan despertar en nosotros, nos cuenten en qué cine están, si están desayunando, en qué aeropuerto se encuentran, si la perrita parió o si están tristes o furiosos con algo. Hasta ahí, sinceridad en la banalidad.

Sin embargo, las redes sociales son potentes herramientas para el engaño masivo. Con excepciones, los políticos de todas las cuerdas las usan para predisponer, desacreditar, divulgar verdades a medias. Episodios de verdadero “bullying” político. Uno de lo más destacados: acabar con el esfuerzo de negociaciones en La Habana a como dé lugar, para seguir en la absurda situación de conflicto sordo y sangriento de cinco décadas.

No importa que el último informe Forensis de Medicina Legal declare que Colombia cuente con la tasa más baja de homicidios en 30 años (26.5 por cada 100 mil habitantes; alta, aún, con respecto a países como Japón, baja con respecto a otros fatales años de nuestra historia). Que de los 12.625 homicidios en 2014, el 14,4% provenga del conflicto armado. Cifra, claro, lamentable y, aún así, la menor en décadas. Digo que no importa dicha realidad porque, para algunos con intereses en que este cuento de la bala siga, no tienen empacho en proclamar lo contrario, que estamos en el apocalipsis.

No se sonrojan en Twitter y Facebook. Para algunos, Colombia está al borde del colapso. La inseguridad está por las nubes, las fuerzas armadas desmoralizadas; Santos, traidor que desmonta las fuerza élites del ejército. Aunque los técnicos de la Sikorsky, fabricante de los Black Hawks, no han rendido el informe final acerca del reciente siniestro en el que murieron 16 policías, algunos brillantes y expertos senadores ya tienen, desde el primer momento, el diagnóstico preciso: las Farc tumbaron la aeronave, con tatuco o con misil. Consecuencia deseada de la manipulación: acábese de una con las negociaciones de La Habana.

No hay discusión acerca del papel de las Farc en la violencia contemporánea en Colombia. De las enormes dificultades alrededor del tema de la justicia transicional. Tampoco se discute el derecho de quienes se oponen al proceso de paz. Sin embargo, mayor rigor con la verdad sería bienvenido.

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