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Niños y niñas: materia prima del conflicto

Rafael Orduz
06 de junio de 2011 – 06:00 p. m.

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ES INDUDABLE LA ACTUAL CAPACIdad de la Fuerza Pública colombiana para golpear a los grupos armados ilegales.

Sin embargo, cualquiera que sea el éxito militar (bombardeos a campamentos, muerte o detención de líderes), habrá conflicto por décadas si no hay políticas efectivas y compromiso social para detener el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes.

Si el narcotráfico es el combustible de los armados ilegales, la materia prima de la fábrica de la violencia son los niños que éstos reclutan y utilizan. El reciclaje es brutal. Hoy niños y adolescentes, mañana facinerosos dados de baja.

A pesar de existir una excelente hoja de ruta sobre el tema del reclutamiento con un diagnóstico y propuesta de políticas certeros (Doc. Conpes 3673 de 2010), las estrategias para luchar contra el reclutamiento no están en las prioridades de la agenda pública nacional ni regional.

Se han identificado cuatro grandes ámbitos que propician que menores sean reclutados.

En primer lugar, es obvio, en zonas de conflicto hay alta demanda de mano de obra infantil para la fábrica de la violencia. Trátese de corredores de narcotráfico, de zonas mineras y, en general, de aquellas en las que hay captura de rentas, el reclutamiento forzado de niños y niñas es rutinario.

Segundo, la violencia intrafamiliar convierte a los hogares en expulsores, en vez de protectores. La coincidencia en el cuadro de la violencia no puede ser más fatal: altos índices de maltrato justamente en las zonas de mayor reclutamiento.

Tercero, los imaginarios de padres y niños en zonas de conflicto y de captura de rentas, propician ingresos voluntarios o inducidos por padres. La ecuación perversa puede ser, como en el sur de Córdoba lo consideran algunos progenitores, que el niño ya tiene edad suficiente para ir definiendo su vida y que un buen jefe los hará hombres. O, más de 1.000 km al sur, en Piñuña Negra, en Putumayo, los niños siguen los pasos de los tíos que ingresaron a las Farc hace 20 años…

Portar arma, uniforme, contar con un ingreso y acumular experiencia violenta confieren al reclutado adolescente la imagen propia del poder, así sea el de cuadrarse las peladas bonitas o el de la intimidación violenta.

Cuarto, la escasa y poco pertinente oferta institucional en las zonas de conflicto. La película Los colores de la montaña muestra con dolor la soledad e impotencia de los maestros en zonas de grupos armados ilegales de cualquier pelaje.

Surgen muchas preguntas. ¿Están los niños dentro de las propuestas de paz? ¿Se está investigando y judicializando a los reclutadores? ¿Se está reaccionando ante amenazas de reclutamiento de manera integral?

Pupitres, libros, acceso a internet, arte, ciencia, protección institucional, son parte de las variables mínimas de una ecuación que dé como resultado garantía de los derechos de los niños y genere desarrollo del país.

Parte crítica de las garantías de no repetición de los hechos es la prevención del reclutamiento.

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