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Pantallas digitales y los niños

Rafael Orduz
11 de julio de 2016 – 03:18 p. m.

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Los niños de hoy pasan, cada día, más horas frente a las pantallas electrónicas de todo tipo de dispositivos. Sea el celular de los padres, el computador, la consola de juegos, la tableta, el bombardeo de información por medios digitales es abrumador. Se habla, con razón, de los niños digitales.

Muchos padres de familia se sienten orgullosos de que bebés de escasos 18 meses manipulen la pantalla del móvil o del iPad en busca del video preferido de Transformers (por cierto, de altas dosis de violencia) por Youtube. Estos, a su vez, sólo necesitan de la ayuda de los progenitores para colocar el canal respectivo en la red social y el resto corre a manos del bebé. “Los niños de hoy se las saben todas”, suelen decir los padres, cuando en realidad lo que hacen es deshacerse de los chiquitos para que se entretengan sólos.

Sin duda, estamos presenciando una revolución profunda de las comunicaciones por la vía digital. Eso de comunicarse cómo, cuándo y en dónde se quiera marca un profundo quiebre en un planeta en el que prácticamente la mitad de la población mundial accede a internet. Los beneficios para miles de millones de habitantes en ámbitos como el de la educación son insospechados. Sin embargo, con los niños pequeños y los bebés hay que tener cuidado extremo.

La exposición a las pantallas electrónicas, incentivada, con frecuencia, por padres que buscan mantener ocupados a sus chicos, puede resultar en efectos negativos para los niños más pequeños. La figura típica es la del bebé o niño pequeño, en soledad, de cara a la pantalla.

Patricia Kuhl* plantea que los primeros meses de vida de los seres humanos son determinantes en el aprendizaje del lenguaje (incluyendo las posibilidades de bilingüismo). Según ella, la atención de los niños es claramente más alta frente a la intertacción “en vivo” con otras personas, que frente a fuentes inanimadas como las pantallas electrónicas. Lo óptimo: la interacción con otros bebés y niños, así como la atención a las palabras del tutor (la madre o el padre, por ejemplo) que habla con los bebés. Los niños son más atentos repartiendo su mirada entre el tutor y las imágenes de un libro (explicadas por éste), que simplemente mirando sólo al tutor o sólo al libro, o mirando TV.

La Asociación Americana de Pediatría recomienda no permitir acceso a pantallas de TV o PC a niños menores de dos años y que el contacto con las TIC de ahí en adelante sea supervisado por los padres. Nada de aparatos en horas de comida ni de juegos como preludio a la dormida. De ahí en adelante, los padres juegan un papel clave en el tipo de aplicaciones con las que los niños pueden beneficiarse. Para la muestra, el maravilloso programa Scratch, elaborado por el Media Lab (MIT, Boston), que permite a los niños desplegar su imaginación aprendiendo a programar, contando sus propias historias.

* Kuhl, P. Early Language Learning and the Social Brain, 2016.

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