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Seguimos aterrados los que votamos Sí el 2 de octubre pasado. Sin embargo, la paz es posible si el proceso se adelanta con sumo cuidado e inteligencia.
Aparecen todo tipo de teorías y de mensajes. Que algunos dirigentes del No actuaron de mala fe, que numerosos pastores orientaron a sus feligreses al No, que el proceso se empantanó.
El Nobel de Paz al presidente, a mi juicio, es merecido. Sentarse cuatro años a negociar, desmontar las diferencias de lenguaje y de expectativas entre Gobierno y Farc, es un paso gigantesco. No obstante, algo faltó. El capital político debe invertirlo Santos en liderar y gestionar la consecución de estos críticos cinco centavos que le faltan al peso.
El acuerdo es posible; estaba en su versión 1.0 y ahora hay que lograr una 2.0, sólida y con amplio respaldo.
Firmar un acuerdo de paz 2.0 representa un cambio profundo en la sociedad colombiana. Los cambios hay que gestionarlos con inteligencia, paciencia, comunicación. Oportuno traer a cuento a John Kotter, profesor de MIT y Harvard, referente académico y empresarial obligatorio en el ámbito de liderazgo y gestión del cambio.
Aplicando Kotter, el liderazgo exitoso en el proceso de paz requiere de ocho condiciones:
1. Establecer el sentido de urgencia de llegar a un Acuerdo 2.0. Por una parte, el país no puede seguir dándose el lujo de que colombianos maten colombianos, se desplacen masivamente, desaparezcan. Por otra, el país se pierde de inmensas oportunidades metiendo y perdiendo billete en donde no toca. La paz no puede aplazarse.
2. Conformar una coalición vigorosa alrededor del Acuerdo. Sin duda, no todos pueden estar en ella: los deseosos de que las cosas sigan igual, los amigos del plomo. Sin embargo, los jovenes que no votaron, los cristianos y católicos, quienes sufrieron la pesadilla del desplazamiento forzado, deben ser parte de la coalición.
3. Crear una visión de lo que significa Colombia en paz, de las inmensas potencialidades para su bienestar social y económico.
4. Comunicar la visión a partir de estrategias definidas mediante mensajes claros y breves.
5. Empoderar a distintos grupos de la sociedad a que contribuyan a remover los obstáculos, particularmente los culturales (incluyendo el cúmulo de prejuicios) que en la mente de muchos los hicieron votar No el 2 de octubre o abstenerse. Los estudiantes, actores de las movilizaciones actuales, deben jugar un papel de primera línea. ¡Sin agresividad!
6. Contar con victorias tempranas… y comunicarlas. ¿No es un orgullo, poco comunicado, que en el último año se haya salvado la vida de 2.000 jóvenes colombianos?
7. Consolidar las mejoras que se obtengan en el proceso. No cantar victoria antes de tiempo, sin el proceso debidamente consolidado como ocurrió con la firma de Cartagena, antes del plebiscito.
8. Institucionalizar los nuevos enfoques: la consolidación de nuevas formas de comportamiento, la articulación entre nuevos líderes y su reconocimiento como agentes del cambio.