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A medida que cae la industria manufacturera colombiana (de corte urbano, diferente a la explotación de hidrocarburos y minería) surgen nostálgicos planteamientos de política industrial, verdaderos clásicos del siglo XX.
Hay rasgos comunes en las nostalgias. La industria se reactivaría si no hay nuevos TLC, si la tasa de cambio es competitiva, si hay protección de algún tipo. Coinciden algunos, con razón, en la necesidad de que el Estado invierta en bienes públicos (educación) y estímulos a la innovación.
Para no quedarse atrás, el Gobierno sostiene que está promoviendo una verdadera política industrial y que parará la firma de nuevos tratados.
La suspensión de nuevos tratados es un vano consuelo frente a décadas de desinterés por factores de competitividad como la pertinencia de la educación y la construcción de capacidades de innovación. Sin que medie un TLC con los chinos, hace rato entra el contrabando de ropa y zapatos a precios ínfimos, con el sombrero vueltiao incluido.
En cuanto a la tasa de cambio, a menos que se sustituya el actual régimen flexible, lo probable es que en cinco años siga por debajo de $2.000.
Es obvio que, aunque el sector de los servicios en economías avanzadas es cercano al 80% del PIB (agricultura representa entre 1% y 2%; no más de 20% a 25% es industria), el mundo real requiere de bienes físicos, como vestuario, vías y vehículos, celulares. En su producción, sin duda, están implicadas la generación de empleo y la capacidad de innovación de la sociedad.
Sin embargo, la industria no sólo involucra la producción de bienes que ocupan espacio físico. Los principales rubros de inversión que hacen exitosas a las empresas, grandes y pequeñas, son de carácter intangible: investigación y desarrollo, desarrollo organizacional, software, diseño, marca… En contraste con nuestra visión “cosificada” de los activos (generalmente tangibles como edificios y equipo), en economías avanzadas la proporción de inversiones intangibles a tangibles es de 1,5 a 1.
Las empresas exitosas están inmersas en cadenas de suministro caracterizadas por su involucramiento creciente en servicios. Logística, marketing, posventas, servicios personalizados de atención al cliente, se están reconfigurando en nuevos enfoques de modelos de negocios, en los que el uso de las tecnologías de la información juega un papel clave.
Las recetas de los nostálgicos, incluyendo el atractivo cuento de los “sectores sensibles”, son imprácticas e inofensivas.
La mejor política industrial es la que contiene la promoción de la calidad de la educación en todos sus tramos y el bilingüismo; la cultura de la inversión en investigación y desarrollo (pública y privada); la del cambio del “chip” hacia nuevos modelos de negocios y el uso de las tecnologías de la información en nuevas plataformas globales de negocios. Y un rol creciente de regiones y ciudades. Cualquier tipo de subsidios debe enfocarse en tales campos.