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¿Qué se unta Jamaica?

Rafael Orduz
20 de agosto de 2008 – 09:02 p. m.

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LAS MEDALLAS DE ORO, PLATA Y bronce en las competencias olímpicas de atletismo en distancias cortas solían ser de los gringos.

Deportistas formidables, afros, dominaron durante décadas los 100, 200 y 400 metros. Desde Jesse Owen en 1936, pasando por los atletas negros que protestaron en México (Jim Hines, Tommie Smith, Lee Evans), hasta los Florence Griffith, Carl Lewis y Michael Johnson, la pista era del dominio casi exclusivo de los Estados Unidos.

¡Cómo cambian los tiempos! ¿Quién iba a imaginarse que una isla de 3 millones de habitantes, del tamaño de Sucre, de un ingreso por persona similar al colombiano, se iba a apoderar de los mejores registros en 100 y 200 metros para hombres, 100 metros y 400 metros vallas femeninos? Usain Bolt batió el récord mundial de los 100 y los 200 metros y las nuevas campeonas doradas, Ann Fraser y Melaine Walker, dejaron lejos a sus rivales. Cuatro de oro, tres de plata, puesto trece, por delante de países como España y Canadá, con más éxito que Argentina, Brasil y México sumados. Nada mal, Jamaica.

El éxito de Jamaica refleja el esfuerzo sostenido de la isla en esas disciplinas, en las que encontró una formidable ventaja potencial (basada en el biotipo) que había que explotar de forma organizada y sostenida, que ya ha venido dando frutos en olimpiadas anteriores (Moscú, Los Ángeles, Barcelona, Atlanta, Sydney y Atenas). Los programas de atletismo comienzan en la etapa preescolar y culminan con becas que articulan la habilidad y el esfuerzo deportivos con la educación universitaria y el sostenimiento económico decoroso. Ann Fraser, hija de una madre que vendía ilegalmente mercancías en la calle, vive y estudia en la Universidad de Tecnología, en Kingston, donde cursa segundo año, en la que también está becado Usain Bolt.

Por eso, el inmenso mérito de nuestros deportistas. Honor y gloria a ellos, que ganan sin contar con apoyo económico y académico, aunque el deportivo haya mejorado levemente. Siempre solos y casi siempre de origen humilde, se les ama y, a veces, se les apoya … después de que han triunfado. Los premios, discrecionales, se orientan a resolver algunas necesidades básicas después del sacrificio. “La casita para mi mamá”. En otros tiempos, en jornadas distintas a las Olimpiadas, Cochise, Lucho Herrera, Rodrigo Valdés, y en éste siglo María Isabel Urrutia, Mábel Mosquera, Diego Salazar, en pesas, y Jackeline Rentería, en lucha, encarnan ese espíritu de valor y triunfo solitario del que tanto nos enorgullecemos los colombianos, aunque justamente representen el resultado de excepción.

Jamaica adquirió una ventaja competitiva uniendo la educación con el despliegue de la destreza deportiva. En otras pistas, como la de la competitividad en el mundo global (¿Qué le entrego al mundo? ¿Qué me da a cambio?), la fórmula de la educación parecería metáfora. Es literal: las medallas de oro en competitividad mundial provienen de estrategias de largo plazo basadas en la educación.

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