Santos: gracias por el respeto y la paz

Rafael Orduz
24 de julio de 2018 – 01:30 a. m.

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Siento admiración por el presidente Santos y su equipo negociador, por la tenacidad en lograr el Acuerdo de Paz. Y, en un país caracterizado por la intolerancia, agradecimiento por la manera respetuosa como dirimió toda suerte de diferencias con sus opositores, así como por su talante incluyente.

No voté por Santos en 2010 y sí lo hice en el 2014, y no me arrepiento.

Quién lo creyera. Tachado de castrochavista, mamerto, camarada, a pesar de haber sido ministro de Comercio de Gaviria, de Hacienda de Pastrana y de Defensa de Uribe. En su orden, acusado por muchos de neoliberal al hacer parte del equipo de apertura económica al comenzar los 90, de reducir transferencias para educación y salud a departamentos y municipios en el 2001, y de combatir con fiereza a las Farc en el último gobierno de Uribe. Santos, ¿de izquierda?

Se llevará por delante, en los futuros libros de historia, a sus colegas expresidentes, por tener el valor y la perseverancia de sentarse a negociar y concluir un acuerdo que, lejos de ser perfecto, deja atrás un período oscuro de muerte, desplazamiento forzado y desapariciones. Varios intentos de alcanzar la paz, frustrados, tomaron décadas.

Las imágenes de Timochenko votando y de la dirigencia de las Farc en el Congreso marcan un hito histórico: ideas y debates pacíficos en vez de balas.

La reducción del número de muertes por el conflicto está a la vista de todos, independientemente de si es o no valorada por algunos sectores políticos. Hechos como los de la radical disminución de víctimas por causa de las minas antipersonal, a las que el país se acostumbró por décadas, así como la declaratoria de decenas de municipios libres de las mismas, llevan la impronta de Santos.

Se habla de confianza inversionista y se olvida que ella florece en los países en paz, así como el turismo, interno y externo, se puede multiplicar sólo en un país sin violencia.

Los dos gobiernos de Santos son una prueba de que el respeto por las diferencias no tiene color político.

No voté por Duque y, sin embargo, pese al lenguaje agresivo de los sectores más extremos, da la impresión de contar con algún talante conciliador. Veremos si dispone de alguna independencia para consolidar un proceso que ha salvado miles de vidas y que será, con certeza, la clave de si figurará, más adelante, como un dirigente que contribuyó a unir a los colombianos o si, al contrario, como pretende su ministro de Defensa, buscará uniformar la protesta y descalificar la oposición.

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