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Uber: modelo de lo que viene

Rafael Orduz
12 de enero de 2015 – 07:42 p. m.

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La miopía y el silencio de algunos funcionarios públicos, sumados al poder de cabildeo, han permitido la declaratoria de ilegalidad de la plataforma Uber en Colombia.

Más allá de unir personas que necesitan desplazarse de forma segura, cómoda y puntual con una red de conductores dispuestos, Uber es el símbolo de profundos cambios en la sociedad.

Necesidades de usuarios cada vez más informados, nuevas formas de satisfacerlas y, por supuesto, internet móvil e innumerables aplicaciones, cambiarán la organización de los mercados laborales. Y de paso, la forma de prepararse para participar en ellos.

No me detengo en los argumentos jurídicos. Ni en que en España y Holanda también haya triunfado el lobbying. Igual, Uber está presente en más de 50 países y su facturación en 2014 supera los US$1.000 millones y ya tiene imitadores en California, como Lyft y Sidecar.

Uber es un modelo aplicable en cualquier campo. Gracias a las plataformas móviles es posible poner en contacto, en cualquier momento y en cualquier lugar, la información acerca de las más variadas necesidades de las personas con la oferta de parte de individuos que, de manera oportuna, cuentan con el talento y la disponibilidad para satisfacerlas.

El prototipo de organización es el siguiente: una empresa pequeña identifica, por ejemplo, una serie de servicios caseros que cualquier hogar puede demandar en algún momento (plomería, electricidad, limpieza o pintura). La empresa se encarga de “reclutar” virtualmente miles de personas idóneas y de ofrecer los servicios a través de una plataforma que el usuario que requiere el servicio puede contratar en cualquier momento al precio que mejor le convenga.

Más de 500.000 habitaciones, de todos los precios, en todo el mundo, están disponibles mediante una aplicación (Airbnb). El modelo es sencillo: hogares con cuartos que no utilizan se inscriben en la plataforma y los clientes acceden de forma segura y cómoda a lo que necesitan (incluyendo miles de opciones en Colombia). Como en el caso de Uber, los gremios de los hoteles en varios países quieren ponerle la pata a Airbnb.

Los servicios de los contratistas reclutados virtualmente incluyen los de programadores, abogados, médicos a domicilio, contadores, cocineros y peluqueros. Incluso presidentes temporales para resolver problemas específicos en compañías que requieren mando corporativo son contratados en Estados Unidos con base en este modelo.

A cinco años de la crisis financiera de 2008, el desempleo en el mundo es rampante. En Colombia, la tasa de desempleo de los jóvenes duplica la del promedio de la sociedad y, si se añade el subempleo, nos encontramos ante una aterradora realidad.

Es muy probable que en los próximos años centenares de miles de colombianos, especialmente jóvenes, ofrezcan su talento y sus servicios a través de plataformas sin pedirles permiso a los dueños tradicionales de los negocios. Es la economía por demanda. Lo demás es miopía.

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