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De nunca acabar

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De nuevo nos estremecimos, primero con las imágenes de los cuatro ex congresistas liberados esta semana, y después, con sus dramáticas revelaciones, que confirman la brutalidad de las Farc y la ceguera que no les deja enterarse del inmenso odio que sus crímenes alevosos han generado en el alma de los colombianos.

Pero como al que no quiere caldo le dan dos tazas, a continuación de esa avalancha de noticias desgarradoras, nos enteramos de lo que mandaron decir las Farc y de lo que anunció el presidente Uribe. Y la desesperanza crece.

La insurgencia veladamente comunicó que no habrá más liberaciones unilaterales, e insistió en un despeje por 45 días de Pradera y Florida para devolver a todos los secuestrados. A eso respondió el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, diciendo que esas liberaciones probaban que no se necesita despejar para que devuelvan a la vida a los otros secuestrados que se están pudriendo en la selva, empezando por Íngrid Betancourt. Argumento frágil, porque aunque en menor escala, también en esas liberaciones unilaterales de unos pocos, ha habido despeje.

¿Para dónde va esto? A ninguna parte, digo yo, que sigo creyendo que el despeje es la única salida posible, para superar esta dolorosa página, por cuenta de la cual en el mundo entero nos ven como una nación bárbara. Claro, otra cosa piensan el alto Gobierno y sus amigos más cercanos.

El presidente Uribe y su ministro Santos sacaron pecho diciendo que la inteligencia militar tenía ubicada la caravana de secuestrados y sus captores. ¿Como para qué divulgar ese dato? Cuando ya estuvieron en libertad los plagiados, otra vez Uribe reiteró el cuento y hasta acuñó la expresión “localización humanitaria” para insistir en que el Estado sabía dónde estaban todos pero que suspendió las operaciones militares para proteger a los secuestrados. ¿En qué cambió el escenario, con tener ubicados a víctimas y victimarios? ¡Ah, la vanidad uribista!

En una de sus más cortas alocuciones, Uribe llamó a las Farc a explorar caminos de reconciliación, pero lo hizo de dientes para afuera. Desde el mismo momento en el que se supo que las Farc se proponían liberar a los cuatro ex parlamentarios, la preocupación oficial fue siempre la de evitar que creciera la idea de que con este nuevo gesto unilateral de la guerrilla, se pondría en riesgo la seguridad democrática.

¿Cómo cree el Gobierno que su mensaje de reconciliación será recibido por las Farc, si lo único que se les ha ofrecido es bala y más bala? Le está llegando la hora a Uribe de pasar del discurso a la acción, obviamente, en materia de buscar la paz. Para solucionar un conflicto de estas proporciones, no basta con hablar de hacer las paces, es preciso que quien va ganando la guerra –y en eso también creo que es el Ejército colombiano– dé señales de aproximación real con su contraparte.

El dedo en la llaga lo ha puesto la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, quien ya pidió cambio de tercio, para que se exploren vías que permitan el acuerdo humanitario, en vez de insistir en el fuego cruzado.

El asunto es claro. El Gobierno es pendenciero y por ningún motivo está dispuesto a que la opinión crea que es débil con los rebeldes que no consigue derrotar del todo. No hay que olvidar que el 81% de popularidad presidencial obedece exclusivamente a ese clamor general de las personas que andan embelesadas con la política de seguridad democrática. Mientras eso sea así, pobres los otros secuestrados que se quedaron en la manigua rumiando su desgracia.

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Adenda N° 1.- A la valiente Piedad Córdoba quisieron privarla de su investidura de Senadora, acusándola de no trabajar por andar en Venezuela liberando secuestrados colombianos. Qué paradoja, trabajó más ella que sus colegas en las inútiles sesiones extraordinarias del Congreso.

Adenda N° 2.- A marchar el 6 de marzo, pase lo que pase.

notasdebuhardilla@hotmail.com

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