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La marca del Zorro

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¿Cuál papel ha jugado Zuluaga, hijo de Óscar Iván, en el escándalo del hacker uribista Andrés Sepúlveda? ¿Podría el Zorro Zuluaga asegurarle al país que su vástago nada tiene que ver con estas operaciones delictuosas tan comunes en el universo uribista, que de nuevo tienen estremecida la nación? ¿Será que Uribe tampoco sabe nada?

El país tiene derecho a saber con total certeza si el hijo del candidato del Centro Demoníaco andaba en tratativas con el hacker uribista que a la postre fue capturado con las manos en la masa. Y, sobre todo, Zuluaga y Uribe tendrán que explicarle a la Nación cuál es la razón para que, además de Luis Alfonso Hoyos, el locuaz vástago del candidato, tuviera tan protagónico papel en la campaña de su progenitor, como seguramente lo será en la investigación que se adelanta en la Fiscalía.

Que Luis Alfonso Hoyos, el supuesto “consejero espiritual” de la campaña uribista, aparezca enredado en este episodio sería suficiente para que Óscar Iván Zuluaga retirara su nombre de la contienda electoral. En efecto, que el tristemente célebre exsenador desinvestido por indelicado se haya convertido en cabildante del hacker ante RCN para difundir una noticia falsa contra el proceso de paz y Juan Manuel Santos, no solamente debe servir para involucrarlo también a él a un proceso penal, sino además para que su jefe desista en su empeño de gobernar este país.

Zuluaga insiste en presentarse como alguien independiente del ponzoñoso expresidente Uribe, pero su actitud de los últimos días confirma lo contrario. No ha sido capaz de llamar a la cordura a su mentor, porque sabe que con un grito lo mandaría al lugar adecuado.

Claro que lo que está pasando no debería extrañarnos. Este mismo estado de escándalo permanente fue el que nos tocó soportar durante los ocho años del gobierno de la seguridad democrática, incluso cuando Juan Manuel era ministro de Defensa. Era apenas evidente que Uribe y su tenebrosa banda no se iban a resignar a perder la oportunidad de regresar al poder, con un alzafuelles como Zuluaga, no importa lo que tengan que hacer. Para eso han activado una gigantesca máquina de desprestigio y desinformación, en la que está involucrada hasta la propia parentela de Zuluaga.

En ese ambiente de perturbación al que Uribe y sus aliados nos han sometido, viene a sumarse otro gesto de la alianza uribista y el procurador Ordóñez. Ahora resulta que la Procuraduría ha formulado una querella contra Santos para que se investigue si ha usado recursos públicos en su campaña presidencial. La denuncia obviamente primero la lanzaron Uribe y su amanuense Zuluaga, e inmediatamente Ordóñez la convirtió en queja contra el mandatario. El mandado quedó hecho. No importa que el procurador jamás haya rendido cuentas de lo que le ha costado al erario sus descaradas campañas políticas.

Pero es tal el enceguecimiento que padece Uribe en su demencial empresa de denigrar de Santos, que hasta se autoincrimina en faltas impublicables. Ahora el expresidente revela que conocía desde hace algunos años que su exsubalterno, el temido y perverso J. J Rendón, que también estuvo a su lado y bajo sus instrucciones, supuestamente había entregado dos millones de dólares a la anterior campaña, pero nunca lo divulgó. Sólo ahora se “acordó” de denunciar un delito del que tampoco tiene pruebas, como es su costumbre.

Esto apenas está empezando. Que los colombianos mediten si quieren vivir otros cuatro años gobernados en medio de ‘chuzadas’, escándalos, agresiones, guerra sucia, delfines abusivos, y quién sabe qué más atrocidades. Pero por lo pronto, Óscar Iván, no sea Zorro, cuéntenos a qué se dedicaba su hijo David en los encuentros con el hacker Sepúlveda.

Adenda. La propaganda de Pacho Santos denigrando de su parentela, para hacer méritos en el uribismo que lo desprecia, es ruin y miserable.

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