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Nunca he sido aficionado a la numerología ni creo en las cábalas relacionadas con ella, pero como habitante de la ciudad de Colonia estoy expuesto al numericidio una vez al año.
Algo natural tomando en cuenta que la fecha más importante del calendario coloniense es el 11.11 a las 11:11, cuando se inaugura oficialmente la quinta estación del año en estas latitudes: el Carnaval. Y si se añade un 11 más, como sucede esta vez, la histeria queda programada de antemano.
Desde hace meses hay parejas que fijaron el día de su boda para la fecha, y todas las oficinas del Registro Civil habilitadas para uncir a dos personas (hasta que el propio registro las separe) deberán trabajar horas extras este fementido 11.11.11; son cientos los novios que se darán hoy, como diría Corín Tellado, «el dulce “sí”». Ahora bien, se preguntarán ustedes, ¿por qué esa fijación en el 11.11, precisamente aquí, en Colonia? También me lo pregunté yo hace tiempo y recurrí al Wrede, el equivalente de la Enciclopedia Británica para todo lo relacionado con el idioma de esta ciudad. Y allí me enteré de que el 11.11.1822, en una taberna cercana a la iglesia de Santa Úrsula, se reunieron unos señores que decidieron resucitar la tradición del Carnaval, y en 1823 se volvió efectivamente a celebrar, y desde entonces sólo lo interrumpieron esas guerras a las cuales los alemanes eran (eran) tan aficionados.
Llevo 44 años viviendo en Colonia y la amo: en ella nacieron mi tercer hijo y mis cuatro nietos. Hasta he terminado por hacer una especie de pacto de no agresión con la catedral, llegando al extremo de entrar en ella para mostrarles a los amigos la mentirosa tumba de los Reyes Magos y la maravillosa verdad del vitral de Gerhard Richter. Pero con el Carnaval no sé reconciliarme. A saber: porque si para que los colonienses se comporten como gente normal es necesario que se disfracen, entonces, el verdadero Carnaval tiene lugar en realidad durante el resto del año; durante el tiempo que pasan disfrazados de gente normal.
No sé qué les parecerá, pero desde el punto de vista de la convivencia humana tal vez fuese mejor que saliese un edicto del burgomaestre proclamando que todo el año es Carnaval. Sólo que él mismo debería empezar por sacarse su disfraz. Y aunque repito que no soy fan de tales numerologías, empiezo a temer que, si los dioses no lo remedian, es posible que aún tenga que soportar en vida la marea del 12.12.12 y las del 10.11.12 y el 11.12.13, fechas que aunque no son tan redondas (o tan tartamudas) como la otra, seguro que también despertarán ecos en el Registro Civil.