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Cantinflas & Marroquín

Ricardo Bada
04 de agosto de 2011 – 06:32 p. m.

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El próximo viernes 12, Cantinflas cumpliría cien años. Me aventuro a pensar que la razón de que siga teniendo un gran predicamento entre los latinoamericanos se debe a la condición humilde de los papeles que desempeñó en el cine. Y a esa asombrosa síntesis de Don Quijote y Sancho Panza que lograba componer en cada papel, de una manera inequívocamente suya, propia, personalísima.

Y desde luego a esa verborragia, también inequívocamente suya, ya sea que no la entendamos porque nos quedamos como hipnotizados por el flujo de sinsentidos, ya sea que sí se la entienda de un modo subliminal, como protesta contra el lenguaje ‘educado’.

Pero puesto que estamos en ello, no quisiera dejar de aludir al hecho de que el sinsentido también se ha practicado de una manera culta en América Latina, según pude descubrir durante una fructífera investigación de materiales acerca de este filósofo mexicano, don Mario Moreno. Y ese es un aspecto de su hermenéutica que me parece descuidado hasta la fecha.

Sí, el sinsentido (= nonsense) tiene tradición incluso culta en Latinoamérica, como bien lo demuestran “el horimento bajo el firmazonte” del chileno Vicente Huidobro; el capítulo 68 de Rayuela, del argentino Julio Cortázar, y el desopilante poema La serenata de José Manuel Marroquín, del poeta que fuera presidente de este país a comienzos del siglo XX, y que tenía  evidentemente alguna devoción oculta por el nonsense; recuerden aquello que dijo cuando al final de su presidencia se produjo la independencia de Panamá, recuerden esa frase con que se defendió de sus críticos: “¿Y qué más quieren? Me entregan una república y yo les entrego dos”. De haber sido en una película, con Cantinflas en el papel de presidente, su respuesta hubiera sido exactamente esa.

No resisto la tentación de citar acá el fragmento final de La serenata, porque es algo así como Cantinflas antes de Cantinflas, uno de sus más excelsos precursores. Diría (sic) de este modo:

“Tus estrellos son dos ojas, / tus rosos son como labias, / tus perles son como dientas, / tu palme como una talla, / tu cisne como el de un cuello, / de garganto tu alabastra, / tus tornos hechos a brazo, / tu reinar como el de un anda. / Y por eso horo a estas vengas / a rejar junto a tus cantas / ¡y a suspirar mis exhalos / ventano de tus debajas!”

Lo dicho: Cantinflas Romeo, debajo del balcón de Julieta, no lo hubiera cantado mejor.

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