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El cierre del Comercial

Ricardo Bada
13 de agosto de 2015 – 10:40 p. m.

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Hace un par de semanas, en estas mismas páginas, Héctor Abad Faciolince se lamentaba en su columna del cierre de dos librerías en Medellín. Hoy acudo yo al muro de las lamentaciones a causa del cierre de un café en Madrid, y resulta que Héctor lo lamenta tanto como el de las librerías en su Paisápolis natal.

Lo sé porque al enterarse de ello me escribió anonadado: “Por Dios. Estuve hace poco, en mi último viaje. Siempre ponía ahí las citas y había mucha gente. No hay motivo; no hay motivo. Pondrán otra tienda de ropa. Qué asco. Me duele en el alma”.

Y a mí. Que después de 128 años, 4 meses y 6 días cierren un café que fue el preferido de Machado (¡había incluso un lugar sagrado que se llamaba “El rincón de don Antonio”!), un café en el que hacían tertulia ¡y escribían! poetas como Blas de Otero, Celaya, Caballero Bonald, Ángel González, José Hierro, Ana Rossetti… no puede calificarse sino como “memoricidio”.

Algunas de las horas más felices de mis estadías en los madriles las he pasado en el Comercial, sentado enfrente de Tomás Segovia, que me leía de su traducción de Hamlet o alguno de sus últimos poemas o me entregaba un ejemplar de sus ediciones artesanales, las que hacía en su casa con una imprenta manual. Y en el Comercial me he citado con viejos amigos de Huelva que vivían desde décadas atrás en Madrid y con un cubano recién exiliado a quien le entregué allí una compu que desde Colonia le mandaba como regalo de bienvenida a Europa un amigo compatriota asilado político en Alemania, y con un joven escritor brasileño que se ganaba la vida como camarero en el Tomates Verdes Fritos, un restaurante de la calle Santa Isabel que le recomendé a Héctor y al que fue… Y en el Comercial se reunía cada mes la redacción de la mejor revista virtual española, Fronterad… Ay, el Comercial. Menos mal que ya no viajo más, porque ir a Madrid y no pasar una hora o dos allí, viendo el trajín de la Glorieta de Bilbao, y a sus poetas y novelistas todavía inéditos escribiendo en sus rincones preferidos, hubiera sido como no haber estado en mis madriles.

¿Y saben lo que más me arrecha de este cierre? Que no ha habido una protesta orquestada de tal modo que los responsables municipales se dieran cuenta y detuviesen la debacle, como sucedió en su día con el Café Gijón. Pero claro, el Gijón es una inversión segura del turismo de los tours organizados, y el Comercial no tenía lobby, sus parroquianos eran (éramos) gente que lo amaba por ser como era, no por la imagen que le diese a una ciudad. La madre que los parió.

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