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He llegado a la conclusión de que el único deporte verdaderamente entretenido es el ajedrez, pero lógicamente estoy en minoría.
Así pues, y como soy persona consecuente, en vez de perder horas y horas de mi precioso tiempo viendo a 22 millonarios en calzoncillos disputándose un balón, las dedico a escribir, leer y ver películas. Pero confieso que hago excepciones, y que las hago a gusto.
Por ejemplo, supe a tiempo que, si el resultado estaba asegurado, Pékerman le daría a Faryd Mondragón el gustazo de jugar los minutos finales del partido contra Japón, para que así rompiera un récord que parecía imbatible, el del camerunés Roger Milla, y se convirtiera en el Matusalén de los Mundiales. Así es que vi el segundo tiempo del Colombia vs. Japón, aplaudí a Faryd cuando saltó al campo y casi me echo a llorar cuando despejó un gol cantado. Su despedida ha sido saliendo por la puerta grande, como los toreros caros.
Ustedes se preguntarán el porqué de esta excepción, y es que Faryd cuenta entre las leyendas del 1. FC Köln, el once de Colonia; en las tres temporadas que jugó acá se ganó las simpatías de sus hinchas y de la ciudad, donde se le quiere casi tanto como lo puedan querer en Cali.
La segunda excepción la hago con los partidos donde juega Costa Rica, porque como paisano de Don Quijote siempre estoy a favor de los davides contra los goliates.
Y la tercera excepción es Alemania, pero no por ella sino por Miroslav Klose, que ha sido siempre mi jugador predilecto en esa selección, y que ya batió el récord de goles en la misma (superando otro récord dizque imbatible, el del legendario Gerd Müller) e igualó el de Ronaldo —el bueno, o sea: el brasileño— de goles en los Mundiales, conteo iniciado el 1-6-2002, cuando anotó tres en el apabullante 8-0 contra Arabia Saudita.
Esperaba que Löw lo sacara en el 2º tiempo contra Argelia, para que marcase su gol número 16, pero Löw, muy prudente, seguro que tenía bien presente el hecho de que Argelia querría pasarles factura por “la vergüenza de Gijón”, en el Mundial del 82, y además es uno de los nada más que siete países (de un total de 90) que nunca perdió con Alemania. Los otros seis son Egipto, Costa de Marfil, Bielorrusia y tres que ya no existen: Bohemia-Moravia, la RDA y la Comunidad de Estados Independientes, que se creó tras la desaparición de la URSS.
Tendré que esperar a esta tarde (hora europea), en los cuartos de final Alemania vs. Francia. Y si no a la semifinal con Colombia el 8 en Belo Horizonte (no me cabe ni la menor duda de que Colombia desbancará al Brasil), y si no al partido por el tercer puesto, en Brasilia, el 12. De todo corazón se lo deseo. A él. Pero también a ustedes.