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Yo soy como el picaflor

El Valle de Josafat

Ricardo Bada
04 de septiembre de 2020 – 02:54 p. m.

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Hace poco, en uno de mis blogs cité una frase de Pitágoras: “La mujer ha de usar sus gracias con tal tacto que siempre le quede una por enseñar”. Mi buena amiga Ángeles Mastretta se hizo eco de la misma y me escribió lo siguiente: “A Pitágoras hay que responderle que sin duda siempre tenemos muchas cualidades escondidas. Más la que enseñamos. Y quién busca, encuentra”. Mi respuesta: “Se lo diré cuando llegue al Valle de Josafat”. Y ella: “No amenaces con el Valle de Josafat”.

El Valle de Josafat es aquel lugar donde el profeta Joel ubica el juicio final de Yavé contra los gentiles. En la cultura popular europea occidental es un lugar legendario hacia el cual peregrinan las ánimas en pena a la espera de su juicio y encarna en apariciones casi fantasmales como la Santa Compaña gallega.

De manera que le contesté a mi amiga que no amenazo, sino que cuento con llegar allí y conocer a un montón de gente interesante con quienes me gustará conversar: Cervantes, doña María de Zayas, Quevedo, sor Juana, Blanco White, Galdós… y a lo mejor almas caritativas me servirán de intérpretes para platicar con Safo, Aristófanes, Ovidio, Séneca, Ibn Hazm de Córdoba (su familia era de Huelva y él está enterrado en Montija, la finca de su familia, a la salida de Huelva, ciudad camino de Sevilla), Omar Jayyam, Shakespeare, Schiller (Schiller sí, no Goethe), Heine, Voltaire, Flaubert, Zola, Ibsen, Pirandello, Virginia Woolf, Colette, Camus…

Hay un libro precioso de Eugenio d’Ors titulado El Valle de Josafat, en el cual nos ofrece miniaturas personales de nada menos que 356 personajes, de los que solo 19, si he contado bien, son mujeres. Las enumero, por mor de la curiosidad: Juana de Arco, Sara Bernhardt, Catalina de Rusia, Gabriela Emilia Creteneil (marquesa de Châtelet), Eloísa (en el retrato de Abelardo), Fernán Caballero, Isabel de Este-Gonzaga, Hipatia, Augusta Holness, Isabel la Católica, Selma Lagerlöf, Madame de Lamballe, Wanda Landowska, la Virgen María, María Teresa de Austria, Lola Montes, Santa Teresa, la Sibila de Forcia y Teresa La Bien Plantada, en quien d’Ors bienama su Cataluña natal.

Digo que El Valle de Josafat es un libro precioso, y lo es por su prosa y la inteligencia y la sagacidad con que d’Ors enjuicia, no me apeo de ese carro. Pero lo es también por sus omisiones y lo que ellas implican: Galdós, la Pardo Bazán, Juan Ramón Jiménez, Azorín, Baroja, Valle-Inclán… para citar solo a los españoles. En este sentido, hace buena la sentencia de don Antonio Machado, otro de los ninguneados por el autor del libro: “Españolito que vienes / al mundo, te guarde Dios; / una de las dos Españas / ha de helarte el corazón”.

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