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De vez en cuando —me parece a mí, que no soy nada dogmático— convendría hacerse renovar las ideas, tal y como las mujeres suelen hacerse renovar el peinado. O ir a la manicura.
También tal y como nuestras madres —antes de la civilización del consumo (¡qué contradicción!)— solían darle la vuelta a ese sobretodo todavía en buen uso que nos había hecho a la medida el sastre de papá, cuando aprobamos la reválida del bachillerato. Sí, convendría hacerse renovar las ideas, pero si se trata de personas tan ocupadas que apenas si les queda tiempo para pensar, la única manera de renovar nuestras ideas consiste en leer, para que las ideas les lleguen ya rumiadas por otros.
Con seguridad que los lectores alemanes conocen la revista semanal Der Spiegel, los de Francia L’Express y los gringos Time. Pues bien, tengo un amigo alemán muy querido, en Colonia, donde vivo, que asegura que la semana que no lee Der Spiegel no sabe qué pensar. Fíjense bien, no es que no sepa en qué pensar, es que sencillamente no sabe qué pensar.
Y tengo un amigo francés a quien le sucede lo mismo pero con L’Express, y si vamos al caso, sé de gente en México que no se pierde ni un solo sábado las columnas de Alma Delia Murillo, y sé de colombianos que desayunan cada domingo leyendo las de Tola y Maruja, y si no lo hacen van por el mundo como perros sin dueño.
Por lo que a mí respecta, cierta vez caminaba por un supermercado, acá en Colonia, y en la planta baja descubrí una sección dedicada a la venta de libros a precios muy rebajados y entré en ella como las tropas de Carlos V en Roma: a saco. Y atrajo mi atención un volumen titulado Außerdem, palabra alemana que significa “además”.
¿Además de qué?, me pregunté, y abrí el libro. Era además del Grupo 47, es decir, de la célebre cofradía de escritores nacida en ese año de la más inmediata posguerra y entre los cuales se contaban dos futuros premios Nobel: Heinrich Böll y Günter Grass. Se trataba, pues, de una antología de escritores que lo eran sin pertenecer al Grupo 47 y por eso eligieron el título Außerdem, escrito correctamente con ß, esa letra tudesca que parece un caballito de mar.
Abrí el libro al azar y encontré este poema de Peter Lehner, suizo a quien traduzco de la manera más fiel: “como ya Goethe dijo / dijo ya como Goethe / ya Goethe dijo como / dijo como Goethe ya / Goethe dijo ya como / como Goethe dijo ya”.
Sí, de vez en cuando conviene hacerse renovar las ideas, y en mi caso concreto es aumentando mi biblioteca. Pero cuando me imagino lo que Goethe hubiese dicho a propósito de los poetas “ademasistas”, me sucede que vuelvo a tomarle gusto a esa desdeñada ocupación que es pensar por cuenta propia.