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Jejeje

Ricardo Bada
13 de enero de 2011 – 10:00 p. m.

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Hace poco escribí en mi diario que la camarera de la cola como panza de ánfora, la del italiano donde almuerzo todos los martes con mi amigo Carlos, “se ríe con la deplorable risa boba de los virtuales: ‘jejeje’, que sólo de verla escrita me produce un sarpullido de pura alergia”. Y que Carlos, al oírla, comentó lapidario: “Esa risa no le hace honor a semejante culo”.

He mantenido días después un diálogo virtual con una amiga costarricense, la joven escritora Sara Caba, acerca de este tema. Le dije cuál es mi percepción de ese “jejeje”, universalmente utilizado en todo el mundo virtual:

“Me repatea el hígado. No por la onomatopeya en sí, sino por el tácito retintín que incluye, de listeza de quien hace el chiste y se ríe él mismo (o ella) con su gracia, o lo que toma por tal. Hay incluso un matiz muy sutil en el hecho de que normalmente, en mis tiempos, tanto las carcajadas como la simple risa, se reproducían en los escritos onomatopéyicamente por medio del ‘ja ja ja’ (o bien ‘ha ha ha’). La ‘a’ es una vocal que abre puertas y ventanas mientras que la ‘e’ las cierra, y le da un tonillo deleznable  —como si la ningunease— a la propia risa”.

Mi amiga sugirió que tal vez quienes usan esa expresión sean personas moralmente falsas. Le contesté que no:

“Es dentro de la constelación semántica virtual donde esa reducción expresiva ha hecho estragos. Puedo ponerte el ejemplo de una persona que es un alma de lo más noble, y a quien no he conseguido sacarle de encima ese latiguillo. Y es que nació casi con las manos en el teclado de una compu y se crió bilingüe, el lenguaje virtual lo aprendió en paralelo con el materno”.

Añadí que la gran poeta Maruja Vieira me comentó al respecto: “Odio el ‘jejeje’ que parece risa de viejo tonto. Cuando lo leo también me da algo que aquí se llama ‘trepequesube’, mezcla de todo lo que tú sientes en las mismas circunstancias”.

Hace poco, el escritor boliviano Edmundo Paz Soldán citó y comentó así una reflexión de Vargas Llosa: “Tiene razón: no sabemos qué pasará con la literatura ante los nuevos desafíos tecnológicos. Lo que sí es seguro es que hay niños y adolescentes que algún día serán escritores y que hoy tienen ‘un respeto casi religioso’ por la pantalla. Concluir que no habrá ‘profundidad y riesgo’ en la literatura escrita por ellos es, cuando menos, apresurado. Y cuando más, arcaico”.

Creo que EPS también tiene razón en lo que afecta al contenido, pero el bilingüismo dentro del propio idioma es toda una metástasis per se, y los internautas que quieren ser escritores la padecen incluso sin darse cuenta. De los foristas abonados al comentario de columnas y blogs, y tan dados a jejejear, mejor no hablo porque ellos tienen al menos la excusa de que la mayoría se expresa tal y como son.

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