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La Lolita de Don Quijote

Ricardo Bada
05 de junio de 2015 – 11:30 a. m.

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Reincido en la relectura del Quijote, pero quiero advertir de entrada que mi columna no pretende demostrar nada ni sacarse de la manga una teoría extravagante, como podría deducirse de su título en realidad un poquitín impropio.

Se debe a una broma que se me ocurrió al enterarme de que el Quijote no era santo de la devoción de Nabokov, y yo, enamoriscado de Altisidora, comenté que era lógico que el libro le cayera mal porque Cervantes se le había adelantado casi cuatro siglos en la figura de Lolita. Ahora bien, quien haya leído Lolita sabrá cómo define Nabokov de manera muy precisa lo que es una nínfula, cuando dice de ella: «El uno de enero tendría trece años. Dos años más, y habría dejado de ser una nínfula para convertirse en “una jovencita”». Nabokov añade con mucha mala leche: «y poco después pasaría a ser el colmo de los horrores: “una universitaria”». Es decir, que Altisidora, a sus catorce años y tres meses casi está dejando de ser una nínfula, y por como se desempeña en el libro es ya una jovencita, precoz si se quiere, pero una jovencita.

Así pues nada de teorías estrafalarias ni traídas por los pelos, pero, contrariamente a lo que se se suele creer, entiendo que Altisidora es algo así como una Desdémona seducida por los relatos de Otelo (en este caso Don Quijote). Y aunque Cervantes hable expresamente de las burlas y las bromas que las damas del palacio le gastan al caballero, bien pudiera ser que Altisidora sí estuviese enamorada de él. Y si no enamorada, al menos encandilada por él.

Es más: lo que sospecho es que probablemente aprovechase esas mismas bromas para podérselo «comunicar» sin que los demás se den cuenta, un comportamiento bien lógico en quien no quiere quedar en ridículo ante el grupo al que pertenece, pero al mismo tiempo tiene una consciencia clara de sus sentimientos y no reniega de ellos.

Volviendo a Nabokov, su tesis es que las dos partes del Quijote son una auténtica enciclopedia de la crueldad, de la física en la I.ª parte y de la mental en la II.ª, y la verdad es que después de releer atentamente el comportamiento del caballero hacia la doncella, me parece que Nabokov no estuvo lejos de la diana al hablar de esa crueldad mental.

Dicho sea de paso, el Quijote aparece en Lolita en la tercera página, como lectura confesada del narrador, y vuelve a aparecer al final, como uno de los seudónimos que utiliza su atormentador, «”un desfacedor de entuertos” (“Donald Quix, Sierra, Nevada”)», al que se refiere luego con una nueva alusión al Quijote: «había mantenido la cara de Clare Quilty cubierta por una máscara en mi negro calabozo, donde aguardaba mi aparición, juntamente con la del barbero y el cura».

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