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Larra

Ricardo Bada
24 de mayo de 2012 – 05:29 p. m.

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Hace un mes, paseando por Madrid, me detuve delante del busto de Larra, quien se quitó la vida por su propia mano el 13.2.1837, un mes y 11 días antes de cumplir los 28 años. Ahora se cuentan, pues, 175 de su muerte.

La reflexión que me hice es que en 175 años no ha nacido un periodista en lengua española que pueda medirse con Fígaro, El Duende, Andrés Niporesas, el bachiller Juan Pérez de Munguía, El Pobrecito Hablador, tantos heterónimos como usó en su corta vida. Ningún otro ha dejado una obra tan imperecedera y tan actual, de la que podría predicarse lo que dicen los ríoplatenses acerca de Gardel: «Larra, viejo, cada día escribís mejor».

El vigor de su escritura y la claridad de sus ideas es algo que sigue iluminando a quienes lo leen hoy. Pero no es tan sólo por el estilo que su obra perdura. Perdura, sobre todo, porque atraviesa por ella un soplo de humanidad que en la prensa se ha ido debilitando hasta quedar en calma chicha, excepto en los grandes cronistas: la argentina Leila Guerriero, el chileno José Miguel Varas, el colombiano Alberto Salcedo Ramos. Ellos sí que son sus legítimos herederos, bien que el género de la crónica haya evolucionado tanto desde los días en que Larra se lamentaba de que «escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta».

También esto: «Podría decirse que ciertos pueblos no envejecen, porque para envejecer es preciso vivir. Por nuestra patria, efectivamente, no pasan días; bien es verdad que por ella no pasa nada; ella es, por el contrario, la que suele pasar por todo». Y esto, hablando de los viejos que se aferran a sus prebendas: «Según el miedo que tienen de que la juventud entre en los puestos, no parece sino que es posible hacerlo peor que ellos».

Larra se mató de un pistoletazo, cuando lo abandonó definitivamente la mujer a la que amaba: lo contó escénicamente Buero Vallejo en su bello drama La detonación. Y dos días después de su suicidio, el diario El Patriota Liberal publicó una necrológica que no tiene desperdicio. Allí se dice: «Tenemos el sentimiento de anunciar a nuestros lectores el prematuro y desgraciado término que puso a sus días el joven literato don Mariano José de Larra, conocido del público por sus graciosos artículos».

¡“Sus graciosos artículos”! ¡Ay España, España, no te has merecido nunca, nunca, a tus mejores hijos! Ni a san Juan de la Cruz, ni a Cervantes, ni a Goya (cuya vejez fue contemporánea de los primeros veinte años de la vida de Larra), ni a Larra… Pero a ver quién mejora sus obras. A ver.

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