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Los acentos en el habla

Ricardo Bada
22 de mayo de 2014 – 10:25 p. m.

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Una amiga argentina, médica, que se desempeña como tal en Cataluña, me escribió hace poco sobre el tema de los acentos regionales, uno que me ha interesado siempre y donde creo ser un poco así como el profesor Higgins, de My Fair Lady; sé distinguir hasta diez acentos diferentes de nuestro idioma.

Mi amiga me decía lo siguiente: “Yo ya no sé cómo hablo. Casi todo el día hablo en catalán, y se me pega el acento catalán, pero cuando voy a Madrid se me pega el madrileño. Cuando llego a Argentina, me dicen ‘gallega’ y se ríen de cómo hablo, y cuando vuelvo a España me dicen: ‘Se nota que has estado en Argentina’ y se divierten con mi acento. Vaya uno a saber cuál es entonces el mío original. No lo manejo ni lo hago deliberadamente. Supongo que como siempre me gustó estudiar idiomas tengo alguna facilidad para dejarme llevar por el acento del lugar”.

También yo lo supongo así, y eso que me contaba me hizo recordar algo que sucedió en Quito, octubre de 1984. Asistí allí entonces, representando a la Deutsche Welle, la emisora internacional alemana, a un congreso de radios de todo el continente, organizado por Ciespal (el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina). Un congreso en el que también participaban representantes de las radios internacionales de Francia, Suiza, Suecia, los Países Bajos y EE.UU.

El programa incluía en la última jornada un panel compuesto por quienes estábamos en nombre de dichas radios, para responder a las preguntas y consultas que quisieran formularnos los colegas latinoamericanos. Y a mitad de la sesión pidió la palabra la directora de una emisora mexicana, de Monterrey, para decir que recibía programas de todas las nuestras, cometiendo la descortesía de añadir que, a su juicio, los mejores eran los de la Deutsche Welle: “Pero —siguió—, puesto que hay un representante de la DW en el panel, tengo que hacerle un reproche y es que sólo emplean locutores argentinos”.

Le contesté escuetamente: a) también yo conocía las producciones de las demás emisoras internacionales, y mis 30 años de experiencia en la profesión me daban motivo para asegurar que el nivel de calidad era parejo en todas; b) curiosamente no teníamos en nuestro servicio ni un solo argentino, y los que ella tomaba por tales eran uruguayos, y c) “No sé a santo de qué están ustedes a todas horas hablando de la solidaridad y la hermandad entre los pueblos de América Latina si luego resulta que a los mexicanos les molesta el acento argentino, a los venezolanos el cubano, y a los chilenos el colombiano, y viceversa”.

Aquí entre nosotros, sin que se entere la regiomontana: ¡qué descansado me quedé, después de esa respuesta!

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