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Nuestra primera palabra alemana

Ricardo Bada
29 de enero de 2015 – 11:00 p. m.

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En cierta ocasión se me ocurrió pensar cuál es la primera palabra alemana que conocemos y que aprendemos los extranjeros.

Suele darse por sentado que es Kindergarten (pronunciado siempre a la inglesa: kindergarden) y que a lo largo de la existencia nos vamos aprovisionando de algunas otras resueltamente bélicas (búnker, pánzer, Blitzkrieg) o macabras (Gestapo, Führer) o políticas (Ostpolitik) o en apariencia políticas pero sólo futbolísticas: káiser. Pues el káiser por antonomasia no es un aristocrático Guillermo de mostachos enhiestos haciéndole competencia al pincho de su casco prusiano, sino el plebeyo Beckenbauer, un líbero verdaderamente excepcional, cuyo talento para el fútbol corre parejo con su discapacidad para la funesta manía de pensar.

Lamento ser un aguafiestas pero, en contra de lo que se suele creer al respecto, entiendo que la primera palabra alemana que aprendemos, por lo menos en la península, de una manera visual e inolvidable, es Apotheke.

Desde el día en que sabemos leer nos llama la atención encontrar esa palabra en los letreros de las farmacias de nuestras ciudades: esa palabra que tanto se aparta de sus equivalentes castellana, inglesa y francesa. Y sin necesidad de que nadie nos lo explique sabemos desde el vamos que Apotheke es alemana y significa farmacia. Lo que no deja de ser curioso si pensamos que la apoteca es el nombre original de la españolísima botica, que el boticario fue bautizado como apotecario, y que la etimología común de ambas palabras españolas y de la alemana es una latina, la cual a su vez, Corominas dixit!, procede del griego bizantino.

Ahora bien, el idioma de Goethe es una tentación para los juegos de palabras, y un alemán que sea experto en ellos reduce a la categoría de meros crucigramistas a malabaristas del idioma de la categoría del cubano Guillermo Cabrera Infante, el español Julián Ríos y el venezolano Darío Lentini. Así no es extraño que en los gloriosos tiempos del Mayo del 68 hiciera su aparición en Alemania, en la occidental —ça va sans dire!—, un tipo de taberna progre, alternativa, izquierdosa, ecologista… que se llamaba APO-Theke: de APO, las siglas alemanas de Ausser-Parlamentarische Opposition (oposición extraparlamentaria), y Theke, que no significa otra cosa más esotérica que “mostrador”.

Aún quedan algunas de esas tabernas en Alemania, país tan conservador que se apega incluso a las reliquias de sus revoluciones. Desconfíen los turistas que las vean, de esas Apotheken nostalgiosas del tiempo pasado y no siempre perdido: nadie les resolverá en ellas un problema de neuralgia o de sinusitis… a no ser por la vía báquica, lo que tampoco está nada mal.

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