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Reordenando los estantes de mi biblioteca donde reina la literatura hispanoamericana volvió a caer en mis manos un libro preñadísimo (como lo calificaría Unamuno) titulado Ambages completos, del poeta argentino César Fernández Moreno.
A César Fernández Moreno lo conocía como poeta, de un solo libro titulado Argentino hasta la muerte, donde descubrí en su día fragmentos que me hicieron llorar y reír al mismo tiempo, como el dedicado al “argentino puro”, donde menciona mi ciudad natal: «Sí, señor guía, Europa es un parque de diversiones con algunos números interesantes / a veces hay un poco de pasto pero es superficial / a mí el musgo me hace caer / la nieve me pone violento / yo le tengo idea a la divina comedia / las catedrales góticas me gustan cuando son románicas / los mozárabes cuando son mudéjares / a keats me lo confundo con yeats /a handel con haydn / a brahms con bach / a goethe con wagner / a gaudí con dalí / a huesca con huelva / a la dama de elche con el ama de leche”…
Además sabía que era hijo de Baldomero, uno de los grandes poetas argentinos; también César buen poeta, pero mejor ambajador. Sí, no embajador, sino ambajador, esto es creador de ambages. Lo digo sin ambages y quiero citarles algunos de los debidos al ingenio de César Fernández Moreno: “De los bienes materiales sólo me interesa el dinero”, “Es triste esperar en vano a una mujer aunque sea fea”, “En el principio fue la palabra FIN”, “Beso que se logra dar es un triunfo de la boca sobre la nariz”, “Lo siento por los buenos autores pero yo tengo mucho que publicar”, “Ya empezaban a conocerme en la tierra como escritor y ¡zas! me colonizan la luna”, “Yo sólo hablo de lo que entiendo, dijo un mudo”, “Y deberás ceñirte a la verdad lo más que puedas, hijo mío, sobre todo cuando tengas que mentir»… y la lista podría continuar: es un castillo de fuegos artificiales como si estuviésemos celebrando la devolución de Hong Kong a Gran Bretaña.
¡Qué bueno que en nuestro continente –y conste que lo digo sin pretensiones patrimoniales, sino solidarias– haya gente como César Fernández Moreno, con esa capacidad elocuente de reírse de sí mismos y de saber poner el dedo en la llaguita nacional!
Tengo la inconmovible convicción de que una docena de Fernández Morenos, repartida estratégicamente a lo largo y a lo ancho de la geografía americana, desde Matamoros hasta Ushuaia, haría mucho más por la oxigenación vital del continente que todos los programas dizque altruistas del Pozo sin Fondo Monetario Internacional y los programas de ayuda al desarrollo de las industrias de los países que se han desarrollado dizque ayudando a los países en pleno subdesarrollo.