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Waterloo

Ricardo Bada
18 de junio de 2015 – 09:49 p. m.

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Ayer se cumplieron doscientos años de cuando, como lo cuenta Stefan Zweig en sus Momentos estelares de la humanidad, se oían apagados a lo lejos los cañonazos, “los dados de hierro de Waterloo”; una metáfora feliz del escritor austríaco.

Lo curioso es que la batalla de Waterloo no tuvo lugar en esa localidad flamenca sino varios kilómetros al sur, y los prusianos, la fuerza decisiva que inclinó la balanza a favor de los aliados contra Napoleón, pretendieron desde el primer momento que se llamase “de la Belle Alliance”; ese fue el lugar donde su comandante, el general Blücher, se encontró con el jefe de las tropas aliadas, el inglés Lord Wellington, formalizando así la derrota del corso. Y fue ese nombre, Belle Alliance, y no Waterloo, el que los niños alemanes aprendieron en sus libros de historia hasta nada menos que 1950. Pero el vencedor de la batalla había sido el comandante en jefe, y Wellington tenía la costumbre de rotular sus victorias con el nombre del lugar donde había dormido la noche antes (¡qué inglés!), y de ese modo Waterloo pasó a la historia. Y al Arco del Triunfo, en París, donde, al contrario de lo que da a entender su nombre, también figuran los de las batallas perdidas por los ejércitos napoleónicos, empezando por la de Bailén, en España, 1808, que puede considerarse el principio del fin del imperio del exgeneral Bonaparte. También es curioso que el resentimiento por la derrota de Waterloo siga vivo en el imaginario político e histórico de los franceses. Dos hechos lo documentan: uno, el que Francia vetara, en el seno de la Unión Europea, que Bélgica acuñase una moneda de 2 euros conmemorativa de la batalla. Y en segundo lugar, también se sacaron la espina de que el tren Eurostar, que enlaza Londres con el continente, por el túnel bajo el canal de la Mancha, llegase en la capital de Gran Bretaña a la Waterloo Station; desde 2007 lo hace a la de St. Pancras International. Sea como fuere, Waterloo es hoy en realidad más conocida por la canción de ABBA que por la victoria de Wellington: “My, my, / At Waterloo Napoleon did surrender, / oh yeah”; esa canción, donde se documenta el equivalente inglés del refrán castellano que dice que a todo cerdo le llega su San Martín: “Waterloo, knowing my fate is to be with you, / Waterloo, finally facing my Waterloo”.  Y sí, a todos nos llega alguna vez nuestro Waterloo. Me pregunto si ese refrán inglés significaría algo si los prusianos se hubiesen salido con la suya y a esta batalla la conociésemos por el nombre de la Belle Alliance.

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