Publicidad

Zapatero, a tus zapatos

Ricardo Bada
18 de diciembre de 2014 – 11:00 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Cuando nací, mi padre tenía una fábrica de calzado, y el primero de los refranes que aprendí a lo largo de mi vida, con toda seguridad, ha sido «Zapatero, a tus zapatos». Jamás me ha tentado meterme en camisa de 11 varas, una tentación casi irresistible en la profesión de periodista.

Porque se diría que el periodista tiene el deber de ser una especie de Enciclopedia Espasa bípeda e implume. Es decir, no es que tenga el deber, es que parece como si las circunstancias exigieran de él que sea un soporte ambulante de la Espasa, la Larousse y la Británica, antaño, o de los archivos de Miss Hortensia Google, hogaño.

Pero yo, de a ‘deveras’, como dicen golosamente en México, he tratado de ser siempre fiel a la divisa «Zapatero, a tus zapatos». Para que no me suceda nunca lo que le sucedió a un colega mío en una entrevista a Bruno Leonardo Gelber, el mundialmente célebre virtuoso del piano, argentino como Martha Argerich, niño prodigio igual que ella.

Gelber vino a tocar a Colonia, y como es costumbre suya, fue huésped distinguido de un mecenas melómano en cuya casa (perdón: mansión), había un buen piano, para que el maestro pudiera ensayar en paz.

Este colega del que les hablo, consiguió una cita con Gelber para hacerle una entrevista. Acudió puntual a la hora fijada, tocó el timbre, vino a recibirle una fámula, y ella le indicó el camino hacia el salón donde le aguardaba Gelber y del cual, desde detrás de su puerta cerrada, llegaba el sonido del piano. Y entonces, mi colega se atrevió a intentar algo que le acredita como un periodista de gran presencia de espíritu… aunque tal vez de una dudosa ética: y es que conectó su magnetófono antes de abrir la puerta del salón, con la idea de poder grabar así un fondo de piano de Gelber en la intimidad. Luego, abrió la puerta.

Gelber estaba —¡atención al detalle! –— trabajando al piano un ejercicio de digitación para la mano izquierda. Al sentir que la puerta se abría, terminó su ejercicio, se volteó a mirar, se levantó para saludar a mi colega (¡mientras, la casete seguía grabando!), y tras las mutuas presentaciones mi colega le dijo con perceptible asombro: «Maestro, lo que yo no sabía es que usted es zurdo».

Lo captaron, ¿verdad? Yo lo capté al oír la grabación. Y Gelber también, oyéndolo en vivo. Le concedió una entrevista llena de tantas tomaduras de pelo que mi colega andaba el pobre muy desconcertado, y me comentó: «Este Gelber es bien curioso, parece como si bromease todo el tiempo». No logró entender que todo el tiempo se estuvo burlando de él por haberse metido a hacer una entrevista con un virtuoso del piano sin más bagaje profesional que el de ser zapatero. Y uno, además, descalzo.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido