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En torno a los libros y la lectura

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La evolución de los libros es una historia apasionante que desde la escritura en papiros pasa por la utilización del cuero en forma de pergamino, incorpora la invención del papel por los chinos, llega a las bellas obras realizadas completamente a mano por copistas, generalmente monjes, que encerrados en monasterios, dedicaban su vida a este oficio, hasta la aparición del invento de Gutenberg en el siglo XV.

Esa primera aventura editorial, que tuvo el propósito de producir 150 ejemplares de la Biblia, terminó, como tantas otras, en la quiebra de su promotor, lo que impidió a Gutenberg ver terminado su trabajo, que fue completado por otros.

Desde entonces el libro impreso contó con mejoras, pero no tuvo verdaderas evoluciones, hasta cuando apareció el libro electrónico, que ha producido un impacto comparable al de la imprenta en su hora, porque significa un cambio que afectará los hábitos de lectura por generaciones. Por eso en el libro-entrevista Nadie acabará con los libros Umberto Eco afirma: ”quizá evolucionen sus componentes, quizá sus páginas dejen de ser de papel, pero seguirá siendo lo que es”.

No tiene sentido intentar confrontar el libro electrónico con el de papel, ni sugerir que el uno acabará con el otro, o que el impacto ambiental del uno es menor que el del otro. Entre otras cosas no hay claridad sobre este tema, algunos calculan que el impacto ambiental de un lector electrónico podría equivaler al de 100 libros de papel. De modo que así se trate de un buen lector, como Juan Esteban, el niño de once años que lee 20 libros al año, tardaría cinco años para igualar el impacto ambiental de su lector electrónico.

En general prefiero el libro de papel, porque al placer de la lectura se suma el de la sensación agradable que produce un libro nuevo, que impacta por lo menos tres sentidos: la vista, el olfato y el tacto. De manera que la relación de afecto que el lector tiene con cada libro no se limita al contenido mismo. Tiene que ver también con el entorno, con las circunstancias y el lugar en que fue leído, con las motivaciones y con los sentimientos que nos despertó. Por eso creo que subrayar un libro propio (naturalmente no uno que sea una obra de arte) es parte de la huella que dejan sus lecturas.

Sin embargo, un libro electrónico en muchas ocasiones es mejor o más práctico, por ejemplo en el caso de volúmenes muy pesados, o para leer en determinados entornos o para conseguir al instante obras que tardan en llegar a nuestras librerías o que simplemente no se consiguen aquí, también como forma de tener algunas obras antiguas ya disponibles en ediciones electrónicas muy buenas.

Las encuestas del DANE muestran que la lectura de libros en Colombia es bastante pobre, un promedio de 2 libros por año, cifra menor que la de México (3,5), Brasil (4,7), Chile (3,4), Argentina (4,6) y lejos de la de España (9,6). Por eso todos los planes y esfuerzos que hagamos para que los niños se entusiasmen con la lectura y con los libros son necesarios y bienvenidos.

El lugar que ocupan los libros en la vida de cada lector es tan íntimo que permite comprender la respuesta del importante personaje que por su oficio anda viajando por el mundo, lo que le obliga a tener casas en varias ciudades. Cuando un amigo le preguntó de tantas casas cuál es su verdadero hogar, él contestó de inmediato y sin dudarlo: “en donde tengo mis libros”.

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