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La maligna integración vertical

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En medicina, maligno es aquello que crece de manera agresiva, sin respetar límites y sin control posible, que invade tejidos, órganos y sistemas, para finalmente acabar con el organismo causándole la muerte.

“Integración vertical” es un término del mundo de los negocios que se emplea cuando en manos de un mismo dueño se integran los elementos de una cadena productiva con el fin de maximizar los resultados financieros y mejorar el desempeño general del negocio.

En nuestro sistema de salud se ha llamado integración vertical a la situación en la cual las EPS controlan las clínicas y hospitales donde atienden sus pacientes, bien porque son sus propietarios directos o mimetizados a través de empresas del mismo grupo o bien porque las alquilan total o parcialmente. También hace parte del mismo cuadro la invasión de otras áreas, como cadenas de abastecimiento de medicamentos y suministros médicos, lavanderías de ropa hospitalaria, compañías de alimentos y de cuanta actividad tenga que ver con la prestación de servicios de salud.

Jamás se podrá aducir que esta integración se produjo para servir mejor a los ciudadanos o para mejorar la calidad de los servicios y los resultados en salud, porque todas las cifras de los 18 años de funcionamiento de este sistema no permiten sustentar esa hipótesis. La integración vertical ha sido motivada únicamente por el deseo de maximizar los resultados económicos y por lo tanto constituye la mejor demostración de que el ánimo de lucro mueve la despiadada comercialización de la salud, que ha desvirtuado la razón de ser del sistema.

Sus efectos han sido demoledores a lo largo y ancho del país, pero son especialmente dramáticos en ciudades intermedias en donde ha acabado con esfuerzos de muchos años de organizaciones de profesionales o clínicas privadas que servían a la población. Teóricamente, nuestro sistema se basaba en la especialización de funciones de los diferentes actores, sin embargo, para tratar de salvar al ISS se permitió la integración vertical, que además de ir contra la libertad de elección consagrada en la ley, pues los pacientes son manipulados para direccionarlos a las redes propias, atenta contra la transparencia del sistema, ya que creó unos verdaderos huecos negros en donde es imposible hacer el debido seguimiento a los dineros.

Por la presión de pacientes, médicos, hospitales, clínicas y organizaciones sociales, en la Ley 1122 de 2007 se intentó controlar la enfermedad limitando a un 30% del gasto total en salud lo que las EPS pueden contratar con su propia red. El remedio ha resultado peor que la misma enfermedad ya que para esa época no todas las EPS estaban integradas; hoy, por el contrario, exceptuando una o dos, todas lo están, las que estaban por debajo del porcentaje corrieron a crecerlo y las que lo sobrepasaban siguen tan campantes. Por eso ya casi nadie duda de que la integración vertical es uno de los grandes culpables del estado del sistema de salud, pues atropella los derechos de los ciudadanos y atenta contra la transparencia.

A finales del 2010, durante la discusión de la Ley 1438, Simón Gaviria incluyó un artículo que prohibía la integración vertical, que a pesar de la oposición del ministro de Protección Social, Mauricio Santa María, y del intenso cabildeo de las EPS, obtuvo las mayorías parlamentarias, pero finalmente fue eliminado en la conciliación. Colombia perdió entonces la oportunidad de erradicar este cáncer, pero ya no se puede demorar más la prohibición total y definitiva, si en verdad se quiere que el sistema sirva a los intereses de la población y no sólo a los de unos negocios.

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