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Nuestra democracia, bendita democracia, nos da cada cuatro años la oportunidad de ejercer el derecho ciudadano, así como de cumplir el deber, de trabajar en la formulación de una visión de país que pueda ser sometida al escrutinio de la Nación.
La construcción de una patria como la colombiana, diversa y sufrida en todos los sentidos, demanda de cada familia la atención a los asuntos públicos, la deliberación, el juicio de valor objetivo, la reflexión profunda, el escrutinio, el sueño o si fuere necesario del arrepentimiento.
De los servidores públicos exije la serenidad, el temple y el rigor de no participar, de acuerdo a nuestra legislación, en el sesgo hacia una u otra aspiración, del poder con que se cuenta desde cualquier posición, a favor de determinada aspiración.
De los empresarios requiere el cuestionamiento, el tributo del conocimiento del mercado y sus condiciones, así como del aporte de recursos económicos que permitirán la financiación del desarrollo de las propuestas, esto es el sustento para que pueda llevarse a cabo la investigación que soportará la enunciación de la apuesta de país. De la clase política, por supuesto, el recorrer, el escuchar y contrastar la expresión de la comunidad con la visión propia de sociedad o Estado.
Sin embargo, a veces es más audible la crítica destructiva que la participación objetiva de las familias, más evidente la inclinación burócrata que la imparcialidad, la avaricia empresarial que la responsabilidad política corporativa y la demagogia que el debate.
Una reflexión sobre las acciones de los grupos de interés que ocupan lo público, nos hace evidente una distorsión o en el mejor de los casos una quietud ante el empuje avasallador del liderazgo presidencial, que le lega al país la consolidación de una política que como la “seguridad democrática” no será ya mas una de gobierno, sino una de Estado.
Por que considero que el país se construye todos los días y que no es consecuente con las tozudas necesidades de nuestra patria, demorar el inicio del trabajo de edificar con seriedad una propuesta, que invite a las familias a la reflexión, que no obre como contraparte de la extravío oficial, que convoque la responsabilidad empresarial, que no actúe bajo los derroteros políticos contemporáneos y que sea garante de pluralismo y lucha contra la corrupción y el clientelismo, es que he decidido “Caminar con Fajardo”.