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Los partidos políticos que no son útiles a la Nación fenecerán por
cuenta de su comportamiento como negocios electorales, el accionar en
contravía de la ley de algunos de sus miembros o la falta de propuesta
política que defender; por lo que lo expresado por el Comisionado de
Paz, es solo el hacer público el destino inexorable de aquellas
personerías jurídicas que concentraron su accionar en el tráfico de
avales antes que en la construcción de una propuesta de Sociedad o de
Estado que pudiera ser colocada a consideración del elector colombiano.
Varios de los partidos políticos actuales son solamente un nombre y un logo, son cascarones electorales sin contenido ideológico que dependen de la autoritaria y ladina habilidad de un líder que comercia posiciones nacionales o locales y que desdeñará cuando sus intereses coincidan mejor con el éxito coyuntural de otro colectivo. No es la primera vez que esto sucede y a diferencia del adagio que alude a los perros a nuestro electorado si “lo capan dos veces”.
Cada elección en el departamento del Meta, al menos las últimas, son evidencia de fenómenos poco pudorosos de “alquimia ideológica”, en donde reconocidos activistas políticos migran desde ser acérrimos contradictores de la temprana y exitosa propuesta de Álvaro Uribe a ser “Furibistas” buscadores del beneficio de la buena imagen de un gobierno por el que no hicieron esfuerzo alguno por ayudar a construir y en cambio llegan a enlodar con sus conocidas costumbres en el ejercicio público.
Así encontramos que militantes de un partido tradicional, buscaron reelección en un partido de transición y se engancharon finalmente en algún partido de la llamada coalición de gobierno sea esta local o nacional, convirtiendolos en partidos “Frankstein” pues pasan a ser miembros de una pretendida unidad mediante la poco estética y funcional costura de partes de diversos cuerpos.
Se requiere una real reforma política, una que contemple vetar y castigar de manera ejemplar las faltas de los Partidos y de sus miembros, una que motive el desarrollo de verdaderas empresas políticas que contengan doctrina, promuevan y practiquen valores democráticos, una que equilibre la representatividad de nuestro sistema político no solo en función de la población, sino también respecto del territorio; solo así rectificaremos los desequilibrios que hoy permiten que las representaciones se queden en las capitales y las crisis surjan en las regiones.
Asociación Opción Meta