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El incremento del 7,67% que fijó por decreto el Gobierno para el salario mínimo, basado en el IPC general publicado por el DANE, no puede llevarnos a obtener conclusión diferente, a que el discurso y las promesas de equidad van por un lado y la realidad nacional va por otro.
Como si los platos rotos debiera pagarlos el salario mínimo, es paradójico que se invoque como razones en contra de un mayor aumento, la afirmación de Planeación Nacional de un nulo incremento de la productividad, la del Banco de la República de una inflación máxima del 5,5% para el 2009 o la de Hacienda de la “crisis mundial”, cuando se han concedido incrementos extraordinarios en las nóminas estatales de entidades como la DIAN, Congreso, Contraloría, Ministerio de Relaciones Exteriores o la Rama Judicial, lo cual ha venido paulatina pero inexorablemente reversando logros del Programa de Renovación Pública iniciado en el 2002.
En Colombia ser pobre sale caro, no solo se debe asumir un mayor costo unitario, en especial en los alimentos, sino que no al basar el incremento del mínimo en el IPC de ingresos bajos, que el mismo DANE anunció fue del 8,99%, se genera una injusta diferencia en contra de los trabajadores que equivale a $200 diarios.
Contrastan las declaraciones que hacen los formuladores de Política Pública y los empresarios promotores la Responsabilidad Social, con la negativa de un micro-incremento cuyo costo en la economía no supera el 0,1% del PIB. También, es llamativo el llamado que en el ocaso del año hiciera la Presidencia de la CUT de no claudicar en la búsqueda de una cifra concertada, con la tranquilidad de los empresarios en vacaciones desde mediados de diciembre.
En el lo regional no nos va mejor pues Villavicencio al ubicarse como la quinta ciudad con mayor incremento, agrega mas problemas a la ya difícil situación de sus habitantes, que tienen que dedicar cerca del 75% de su ingreso a alimentos, vivienda y transportes, dejando muy poco para cultura, educación o salud, que son los grupos en que, un gasto mayor podría permitirnos superar mejor nuestras condiciones de pobreza.