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Las “joyas” de la reina

Rocío Arias Hofman
07 de noviembre de 2008 – 07:42 p. m.

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POR 19 EUROS ($60.000 PESOS) SE vende como pan caliente en las principales librerías de España La reina muy de cerca, el libro que despeluca por estos días a políticos, periodistas, ciudadanos y, cómo no, a la propia familia real.

En las más de 150 páginas la monarca se explaya como nunca lo había hecho sobre asuntos públicos y riega sobre el mantel real tan pulcramente almidonado durante 46 años el jugo, el café, el té y hasta los platos. Un trabajo de la periodista Pilar Urbano, que durante 15 entrevistas logró correr el velo y mostrar por primera vez el tamaño y la forma del “pienso” –eso que no se ve físicamente y dicen que queda en el interior de cada cabeza– de esta señora Sofía de Grecia a la que hasta ahora solamente habíamos visto navegar en yate, cargar pesadas diademas de diamantes, subir empinados tacones, sonreír sin cansancio, besar a tirios y troyanos, viajar del timbo al tambo y posar incombustible para ene mil portadas de Hola desde 1975. Se fajó la reportera madura, desafió su propio estilillo godo y consiguió el hit periodístico del año para dicha, digo yo, de la caja registradora que gustan agitar como monedero de cura en la editorial Planeta. La publicación del libro contó con el increíble beneplácito del secretario de la esposa de Juan Carlos I y del propio jefe de la Casa Real. Un descuido imperdonable que ya tiene a más de uno pidiendo sus corbatas.

Agárrense el peinado porque aquí van varias de las declaraciones de la reina sobre las uniones entre homosexuales “los gays pueden casarse, pero que a eso no lo llamen matrimonio”; sobre la religión “se ha de enseñar: los niños necesitan una explicación del origen de la vida”; sobre el aborto “en absoluto”; sobre la eutanasia “no soy partidaria. La vida y la muerte no están en nuestras manos”; sobre la violencia contra las mujeres “ha ocurrido siempre… En cierto modo se provoca un contagio, se dan ideas que otros imitan”. Palabras que no han de escandalizar si se toma en cuenta que las pronuncia una mujer de 70 años, religiosa y acostumbrada a defender una moralidad arropada por el oropel que impide el paso de pensamientos transgresores. Normal, cuántas mujeres de su tiempo no piensan igual que la reina. Muchísimas. Sin embargo es también comprensible el escándalo en tiempos de una sociedad que vota PSOE y en particular Zapatero, un gobierno que se ha atrevido a derribar muros que parecían infranqueables. A juzgar por el revuelo armado diría que media España se levantó contra la otra media. No ha habido sobremesa, tertulia y conversación con taxista en la que no se hayan lamido hasta el último huesito de este pollo que la reina trinchó. Roto, el genial caricaturista de El País, lo explicaba con agudeza cuando dibujó a un ciudadano que le espeta a la reina que si ella se va a poner a hablar de los asuntos de plebeyos, los plebeyos van a comenzar a hablar de los asuntos reales. Imagínense, el acabose del pacto de silencio que ha mantenido a raya a los antimonárquicos en España.

En el mundo Barak Obama en el que vivimos desde el martes 4 de noviembre donde priman transparencia, tolerancia, inteligencia y cordura , las “joyas” de la reina adquieren un tono más opaco todavía y creo que el valor de sus piedritas está próximo a hundirse como cualquier acción en Wall Street. Un desliz que le debe estar pesando mucho, mucho, al rey y a su prole. Porque, ya lo han visto, el letrero de Change se prendió en Chicago y nos iluminó el planeta.

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