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Nuevas realidades

Rodolfo Arango
26 de noviembre de 2008 – 09:12 p. m.

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LA ERA OBAMA PROMETE SER DE cambio. La transformación, promovida por el primer presidente negro de los Estados Unidos, es perceptible por lo menos en tres frentes: las relaciones internacionales, la economía y las comunicaciones.

La dirigencia colombiana enfrenta la disyuntiva de adecuarse a estas nuevas realidades y aprender de ellas o, por el contrario, de condenarse al ostracismo internacional al no entender que el nuestro no es sólo un problema de imagen. Obama es un exitoso abogado y político, pero por sobre todo un connotado profesor de derecho constitucional de la Universidad de Chicago y defensor de sectores sociales marginados. Como buen lector, a diferencia de su antecesor, quien gusta de guerras, Biblia y caballos, sabe de la importancia del derecho constitucional global. Conoce que en las relaciones internacionales, el principio de efectividad –según el cual los Estados eran reconocidos por la comunidad mundial si eran capaces de mantener la seguridad y el orden internos–, ha sido reemplazado por el principio de legitimidad, cuya observancia depende del respeto y de la garantía de los derechos humanos. La adopción de un código penal mundial y de un tribunal penal internacional desde 1998, conlleva un recorte real de los principios de soberanía de los Estados y de no injerencia, a favor de la intervención humanitaria y la defensa transnacional de los derechos humanos.

En el campo del comercio exterior, los negocios dependen ahora, cada vez más, de la sujeción a mínimos morales. La inmoralidad se torna por fin en mal negocio: no plata, sí falsos positivos; no TLC, sin derechos sindicales. Ha perdido actualidad el dicho de que a la economía le va bien mientras al país le va mal. Sólo podremos dar un salto cualitativo importante cuando entendamos que el mejor plan económico es la creciente inversión, el aumento del cubrimiento y la calidad de la educación, tanto técnica como superior. Así lo avizoró el coloso del norte y lo ha entendido hace tiempo el viejo mundo. El progreso económico depende igualmente, en buena parte, de los avances en las telecomunicaciones. La conectividad electrónica debe acompañarse de la conectividad física mediante la ampliación de la infraestructura de carreteras y de vías férreas. Esto último es una mejor política antiguerrillera y antinarcóticos que la practicada hasta ahora. Cuando los extensos territorios nacionales sean anexados al desarrollo social, se acabará el aislamiento y el abandono que alimentan la perpetua guerra fratricida y la ilegalidad desde la marginalidad.

Humanistas del mundo esperan que las nuevas realidades se extiendan al campo militar. El cierre de Guantánamo, el retiro de tropas de Irak, la transmutación de la ayuda para la guerra en programas sociales. Debemos contribuir a que este cambio se cumpla. Iván Cepeda y muchos otros luchadores por los derechos humanos contribuyen a mejorar la situación de millones de víctimas del conflicto armado en el país. El pueblo colombiano tiene anhelos de paz y progreso económico. Afortunadamente enfrentamos un nuevo panorama político. Las pirámides y DMG han sepultado la reelección. La complacencia con el dinero fácil y con el enriquecimiento rápido acabó por explotarle al Gobierno como una bomba en las manos, dejando abierta una nueva y preocupante realidad: la cultura de personas dependientes y supersticiosas que creen vivir en el mejor país del mundo sin hacer mucho para merecerlo. 

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