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LA PLANIFICACIÓN ECONÓMICA EN Colombia empezó a principios de los años cincuenta y tuvo un importante impulso en 1958 con la creación del Departamento Nacional de Planeación (DNP).
A semejanza de las políticas de reconstrucción de posguerra de países europeos, se trataba de impulsar la industrialización y de llevar empleo al conjunto de la Nación.
Desde el centro del país se llevaba el desarrollo a las regiones. El gobierno central venía adelantando desde 1886 un acelerado proceso de concentración de los recursos fiscales del país. Con el fin de repartirlos presupuestalmente en todo el territorio y de sacarles el mejor provecho, pues se hacía necesario contar con herramientas centrales de planificación como el plan y el DNP.
Hasta mediados de los años ochenta este sistema era lógico. Por un lado, las entidades territoriales no contaban con autoridades políticas electas, ni con las amplias competencias de hoy, y menos con el mismo monto de recursos propios ni con las transferencias obligatorias que les entregó la Constitución de 1991. Por otro lado, no existía apertura económica ni globalización. Esto último facilitaba el fomento industrial para el consumo interno, organizado en esquemas de producción de tipo fordista, cuya característica era producción de masa estandarizada sin que se exigieran mayores niveles de especialización de la mano de obra.
Sin embargo, este modelo de planificación de la economía entró en crisis en todo el mundo con la globalización. Los viejos distritos industriales fordistas se rezagaron en la competencia global. En cambio, varias regiones del mundo, que han basado su desarrollo en modelos de especialización y flexibilidad, han sacado provecho de las nuevas realidades.
Con la globalización y la descentralización, en el mundo la planificación económica cambió. Ya no se trata de llevar el desarrollo desde el centro a las regiones, sino de ayudar a las actores locales a movilizarse y a organizar su propio desarrollo.
Los países de Europa que hace cincuenta años innovaron con sus planes centrales de desarrollo, hoy cuentan con tantos planes de desarrollo como regiones o departamentos existen en su territorio. La planificación central cedió el lugar a una planificación variable, concertada con los actores regionales.
Paradójicamente, el país sigue contando con un modelo de plan de desarrollo central, como si Colombia no se hubiera descentralizado ni integrado a la economía global. Se ha visto un mayor esfuerzo en el DNP por coordinar el plan con los departamentos. Pero se hace necesario ir más allá. Viene siendo hora de reemplazar el Plan Nacional de Desarrollo por planes contractuales entre la Nación y los departamentos o grupos de departamentos. Pero para esto se requiere de un DNP desconcentrado en las regiones, no ensimismado en Bogotá, que lleve tecnocracia al territorio para suplir la debilidad técnica de las autoridades políticas regionales.
Necesitamos aterrizar la planificación a la realidad de cada región y enfocarla en dos grandes retos: cerrar la brecha de la inequidad regional y fomentar un desarrollo económico sostenible.