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EL GENERAL ÓSCAR NARANJO SEñalaba hace unos días que el problema real para enfrentar el crimen organizado está en el sistema penal acusatorio.
Esta reflexión abre una discusión interesante. La Fiscalía General de la Nación se creó en 1991 con el propósito de agrupar en un organismo jerárquico a los antes llamados jueces de instrucción criminal. La lógica era clara: se trataba de crear una institución lo suficientemente fuerte, con espíritu de cuerpo, para enfrentar al Cartel de Medellín y su violencia.
Al integrar a todos los jueces de instrucción criminal (de ahí en adelante llamados fiscales) en una entidad sujeta a la dirección del Fiscal General, éste podía, en determinadas circunstancias, asignar los casos más complejos a fiscales de mayor envergadura, trasladarlos a otro municipio o directamente al búnker en Bogotá. En la práctica, las medidas judiciales como la captura o la acusación provenían de una entidad fuerte, no de un juez de instrucción aislado, solitario e individualizable y por ende más vulnerable.
Hoy, con el sistema penal acusatorio, los fiscales perdieron la posibilidad de dictar medidas de aseguramiento. Para detener a un peligroso delincuente, un fiscal debe solicitarle la práctica de la medida a un juez de garantías, que debe dictarla en circunstancias similares a las de sus colegas de instrucción en la década de los ochenta: solitario, aislado y sin supervisión jerárquica. Los recientes escándalos mediáticos por absurdas liberaciones de delincuentes surgen de decisiones de jueces de garantías.
Sobre el sistema penal acusatorio existen diferentes opiniones, válidas y calificadas. Quienes lo importaron, están enamorados de su obra, y por simple psicología lo defienden a capa y espada. Los abogados penalistas creen por lo general en la racionalidad del nuevo sistema y les gusta; para la defensa es más fácil alegar ante un juez de garantías que convencer a un fiscal de las falencias de su investigación. Asimismo, la lógica del nuevo sistema les ha permitido aumentar el portafolio de sus oficinas, que ahora también prestan onerosos servicios en materia de criminalística. La opinión del general Naranjo sobre las falencias del sistema acusatorio proviene de quien en la praxis enfrenta al crimen. No es cierto que el sistema anterior no fuera garantía de respeto de los derechos fundamentales, ¿o alguien piensa que el sistema penal inquisitivo, que rige en Alemania, Francia o España, es antidemocrático?
La centralización de ciertos organismos es la mejor forma de enfrentar a los grandes desafíos criminales. Los mexicanos han tenido muchos problemas en su lucha contra el narcotráfico porque su policía, a diferencia de la nuestra, no es nacional; existen tantas policías como estados federados y por eso tuvieron que acudir a los militares, que no están diseñados para eso. Algo parecido nos ocurre hoy a nosotros, no con la Policía, pero sí con etapas de la instrucción penal.
@Rodrigo_Lara_ en Twitter