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La economía colombiana mejoró su crecimiento durante el tercer trimestre de 2013 (5,1%) para alcanzar un anualizado de 3,9%.
El sector líder fue la construcción con un extraordinario 21,3% –25% para oficinas y residencias y 18% obras civiles–, reflejo de la demanda de inversionistas extranjeros, las casas regaladas y el destrabamiento de las obras públicas. Bogotá dejó de caer en su área en construcción, creciendo 8,4% durante el mismo trimestre, un tercio del crecimiento nacional.
La agricultura volvió a mostrar un buen comportamiento: el café (42%) arrastró al sector que en sus otras ramas mostró crecimientos moderados. Minería también repuntó, pero sólo con petróleo y gas (10,3%) mostrando dinamismo; carbón decreció 5,5% y minerales metálicos un 17%. La Drummond tuvo una nueva larga huelga en su contra y fue multada benévolamente con sólo US$3,5 millones por volcar 1.850 toneladas de carbón en la bahía de Santa Marta, mientras que la baja en la producción de ferroníquel reflejó bajas cotizaciones internacionales. Sólo falta que se levanten las sanciones contra Irán y se regularice su participación en el mercado occidental para que el petróleo también reduzca sus cotizaciones.
Hemos tenido un crecimiento desequilibrado, cuyo sector líder deteriora el crecimiento de la producción transable (exportaciones manufactureras y agrícolas y producción que compite contra las importaciones). La industria volvió a decrecer 1%, completando un año de contracción. Cayeron en especial la producción de vehículos, la metalurgia y prendas de vestir.
Desde la contabilidad de la demanda, el crecimiento fue impulsado por la inversión que creció 11% y el consumo un 4,4%. El balance externo fue negativo: el crecimiento de las importaciones superó el de las exportaciones, restándole un punto al crecimiento del PIB. Este deterioro se suma a un déficit fiscal y una cuenta corriente negativa que refleja la falta de ahorro interno, muy inferior a la inversión y que no es lo mejor para enfrentar años de vacas flacas. En el segundo trimestre del año, la cuenta corriente mostraba un déficit de 3% del PIB, lo que se puede agudizar si no hay un movimiento de la tasa de cambio que frene las importaciones y fomente las exportaciones. Un aumento de la remisión de utilidades y repatriación de capital extranjero puede poner en aprietos el financiamiento del déficit en cuenta corriente. Las llegadas y salidas de capital extranjero nos ponen en la posición de la liebre en Alicia en el país de las maravillas: debía correr mucho para mantenerse en el mismo lugar.
La devaluación de todas las monedas del mundo se insinúa como consecuencia de la política de la Reserva Federal de Estados Unidos de disminuir las adquisiciones de bonos que trataban de acelerar el crecimiento de su economía e inflaban el mercado de vivienda y el de acciones. Su recuperación económica se manifiesta cada vez con mayor fuerza y ello también está fortaleciendo el dólar. De consolidarse, podría ser una fuente de demanda para las exportaciones no mineras de Colombia.
El crecimiento para el último trimestre puede verse afectado por el debilitamiento de la demanda y del consumo de los hogares, insinuado por la inflación demasiado baja de noviembre. Pero los otros factores impulsores se mantendrán y podremos terminar el año con un crecimiento por encima del 4%, nada mal para un vecindario afectado por el deterioro de los precios de las materias primas.