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Las corralejas: ya llegó el 20 de enero

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Si el toreo es la herencia hispánica que se reproduce en algunas ciudades y pueblos del país, la corraleja es la adaptación terrateniente costeña de las fiestas de San Fermín, en la que se sueltan los toros contra una multitud que se divierte huyendo de sus cornadas.

Las diferencias son, sin embargo, bien marcadas en el caso de las corralejas. A los toros, 20 diarios durante 5 ó 6 días, no les pasa nada y a sus dueños se les paga muy bien por su arriendo, pero los mal preparados toreros, puntilleros y banderilleros corren graves riesgos. La plaza es improvisada, carente de ingeniería y de seguridad para los espectadores . Recordamos 1980, en Sincelejo, cuando el colapso de las graderías causó 400 muertos y 2.000 heridos, indemnizados por el gobierno central que no por los organizadores; en 2010 en El Bagre, otra gradería al piso causó 31 heridos. Los “toreros” son jornaleros e informales que se lanzan al ruedo a arriesgar su vida, esperando que el comité les otorgue entre 20.000 y 150.000 pesos, de acuerdo con su valentía. En 2011 alcancé a contabilizar 68 heridos y un muerto. Las plazas cuentan con un personal médico igual de primitivo que las graderías para atender los incontables casos de heridos que se infectan con el polvo que levantan toros y caballos.

Uno de los organizadores de las corralejas de Sincelejo de 2012 afirma que se trata de “toros casi limpios, es decir, que no han sido lidiados, que no exceden los cinco años de edad, con muy buen trapío, lámina, es decir, bonita presencia”. No obstante, Pirry en su crónica televisiva menciona que el tercer día entran al ruedo los toros resabiados, expertos en cornear a los desnutridos toreros que se excitan con la muerte y el ron y aumenta el número de heridos. El mismo portavoz menciona que para este año cuentan con toros venidos de lejos: Rocha Hermanos, El Aceituno, Mario Laserna y Hermanos Ochoa Vásquez.

El Congreso de la República declaró la Fiesta en Corraleja de Sincelejo como Patrimonio Cultural de la Nación. Habrá quien defienda la cultura popular sin atender a su contenido, pero los organizadores de los eventos son los ganaderos y las fuerzas vivas locales, precisamente en las regiones más atrasadas del país, donde el paramilitarismo ha sido y sigue siendo endémico. Yo creo que no se pueden defender ciertas celebraciones que dan lugar a problemas de salud pública, en las que los organizadores no responden por los riesgos a que exponen a los participantes, incluyendo a los espectadores.

Si en el caso de la “tauromaquia” argumentaba que no me parecía bien prohibirla, porque el riesgo de los humanos es bajo, cuando se trata de las corralejas los animales están muy bien pero los jornaleros e informales, que ven la oportunidad de trascender exponiendo su vida y ganarse unos pesos, están muy mal. Es claro que ese sistema político de la gran hacienda costeña cuida mejor a sus animales que a los hombres. Aquí la vida no vale mucho. Según el fotógrafo Stephen Ferry, se trata de un tema de poderes. “El que tiene la tierra está en el palco (mientras en la arena hay)… una manada de hombres flacos —jornaleros sin trabajo— (que) le ruegan al ‘patrón’ que les dé un billete para que ellos arriesguen la vida”.

El 20 de enero se celebra el “dulce nombre de Jesús” en medio de las bulliciosas corralejas de Sincelejo. Me parece que Jesús no estaría de acuerdo con que se lo celebraran de esa manera.

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